Sin duda, el actual gobierno de la 4T recibió a un sistema de salud colgado de los alfileres y en condiciones deplorables. ¿La explicación? Sexenios enteros de poca o nula inversión, aunado a una corrupción sistémica que consumió casi todo en los últimos cinco o seis lustros, como la nada en aquel viejo libro La historia interminable de Michael Ende.

Parte de los cambios que se han venido haciendo desde la llegada de la actual administración, en diciembre de 2018, desde nuestra perspectiva, iban por el camino correcto, como la reformulación de la compra consolidada y la eliminación del acuerdo de facto de las dos o tres empresas mayoristas que dominaron el mercado durante décadas, lo que ha logrado, de inicio, menores costos, y, en consecuencia, ahorros para el gobierno.

Sin embargo, desde marzo de este año que han salido tantos testimonios del personal de salud que labora en el sector público acerca de las pésimas condiciones en las que están trabajando, debe llamar al gobierno a recapacitar sobre este punto y a remediarlas de inmediato.

De hecho, la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Instituto Politécnico Nacional (IPN), pilares en la formación de médicos en este país, a inicios de abril enviaron comunicados para avisar que retirarían a sus practicantes de los hospitales públicos, justo porque no existían las condiciones para el buen desempeño de su labor y para la protección de su salud.

En estos meses de confinamiento hemos visto cómo miles de médicos, enfermeras, e incluso, personal administrativo de la Secretaría de Salud (SSA), del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y del Instituto de Seguridad Social al Servicio de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) decidieron dejar sus puestos de trabajo, y con ello, abandonar la batalla contra el coronavirus, a pesar de la evidente falta de personal en clínicas y hospitales.

A pesar de las recomendaciones generales, no se envió a sus casas a las personas del área de salud pública que están en alto riesgo de contagiarse y complicarse, como lo ha repetido todos los días el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell; es decir, personas mayores de 65 años, o bien, quienes tienen enfermedades crónicas como obesidad, diabetes e hipertensión arterial, entre otras, además de los inmunosuprimidos.

Los numerosos testimonios que han salido a la luz ha puesto en evidencia la falta de planeación en cuanto a compra de insumos, además un muy bajo presupuesto para enfrentar la pandemia por el coronavirus, a pesar de que la SSA dice que empezó a trabajar en ello desde enero pasado.

Hay personal de clínicas y hospitales que han denunciado la mala situación, pero siguen trabajando, claro, bajo protesta y ya hasta dio un plazo al gobierno para empezar a cumplir con lo prometido, es decir, el material médico e insumos necesarios para trabajar de forma segura. Por cierto, ahora que López-Gatell fue a Chiapas en visita de trabajo, el pasado 17 de julio, fue recibido por una protesta de personal médico.

Las bajas, tanto de médicos como de enfermeras -algunos por enfermedad o muerte incluso-, ya representan alrededor de 12% del personal de todo el sector salud. Claro que esto varía de unidad en unidad. Esta falta de personal se suma a los miles de puestos vacantes que el sector salud ya venía arrastrando (250 mil, según lo dicho por el vocero de la pandemia), lo que ha motivado que el gobierno haya estado contratando personal de salud, alrededor de 50 mil, sobre todo enfermeras y médicos especialistas -internistas, infectólogos y neumólogos- de manera temporal, durante la contingencia.

Hoy más que nunca el gobierno debe cuidar a su personal de salud, porque éste es la primera línea para combatir la actual epidemia de Covid-19. La esperanza es no tener escenarios vistos en otras latitudes, sobre todo en Europa, América del Sur y ahora Estados Unidos, porque si no, estaremos ante una situación de emergencia sin igual, donde habrá miles enfermos por coronavirus, pero sin el personal necesario que los atienda.

Estetoscopio

Aunque no le guste a López-Gatell que uno se enfoque en el número de muertos, la verdad es que México ya se encuentra entre los países con mayor número de decesos por Covid-19 en el mundo, según cifras oficiales. Pero hay organismos, como Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad, que dicen que la cifra real de fallecidos debe ser el triple de la reconocida por el gobierno.

Jorge Arturo Castillo es licenciado en Ciencias de la Comunicación (CC) y maestro en Relaciones Internacionales (RI) por la FCPyS de la UNAM. Es socio director de Comunicación CM, desde donde edita medios especializados en las industrias farmacéutica, salud, energía y tecnología. Es profesor de periodismo de la carrera de CC, en la UNAM, desde hace más de 27 años. Es generador de contenidos y ha desempeñado diversos cargos periodísticos en los principales medios de comunicación en México, así como algunos internacionales.

Licenciado en Ciencias de la Comunicación (CC) y maestro en Relaciones Internacionales (RI) por la FCPyS de la UNAM. Es socio director de comunicación en CM, desde donde edita en medios especializados sobre industrias como farmacéutica, salud, energía y tecnología. Es profesor de periodismo de la carrera de CC en la UNAM, desde hace más de 27 años. Es generador de contenidos y ha desempeñado diversos cargos periodísticos en los principales medios de comunicación en México, así como algunos internacionales.