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Los profesionales de la salud han estado preocupados por un tiempo con lo que ellos llaman el tema de lo que separa la buena ciencia de la mala ciencia y la pseudociencia. El problema es relevante por al menos tres razones:

El primero: La demarcación

Es crucial para nuestra búsqueda del conocimiento. sus cuestiones van al centro de los debates sobre epistemología y sobre la naturaleza de la verdad y el descubrimiento.

La segunda razón es cívica

En muchos países se gastan miles de millones de dólares de impuestos anuales en investigación científica, por lo que es importante que se comprenda bien lo que constituye dinero bien gastado en este sentido. 

¿Deberían los Institutos Nacionales financiar las investigaciones sobre “medicina alternativa”? ¿Deberían los estados aprobar fondos para apoyar proyectos basados en pseudociencias?

En tercer lugar, existe una cuestión ética

Las pseudociencias no son, contrariamente a la creencia popular, simplemente un pasatiempo inofensivo de los crédulos. Si se escapa de las manos puede amenazar el bienestar de las personas a gran escala, a veces de manera fatal. 

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Por ejemplo, millones de personas en todo el mundo han muerto de SIDA porque ellos (o, en algunos casos, sus gobiernos) se niegan a aceptar los hallazgos científicos básicos sobre la enfermedad, confiando su destino a remedios populares y terapias de “aceite de serpiente”.

Esto, sin embargo, corre el riesgo de confundir la posible eficacia de los remedios populares con el bagaje teórico arbitrario que se les atribuye. No hay duda de que algunos remedios caseros funcionan.

El ingrediente activo de la aspirina, por ejemplo, se deriva de la corteza de sauce, que se sabía que tenía efectos beneficiosos. Tampoco hay ningún misterio sobre cómo sucede esto: las personas han probado soluciones más o menos al azar a sus problemas de salud durante milenios, a veces tropezando con algo útil. 

Sin embargo, lo que hace que el uso de la aspirina sea “científico” es que se ha validado su eficacia a través de ensayos controlados adecuadamente, se ha aislado el ingrediente activo y se ha entendido las vías bioquímicas a través de las cuales tiene sus efectos.

En término de resultados empíricos, existen fuertes indicios de que la acupuntura es eficaz para reducir el dolor crónico y las náuseas, pero la terapia simulada, en la que se aplican agujas en lugares aleatorios o ni siquiera se perforan a través de la piel, resulta ser igualmente eficaz.

¿Cuando se convierten las Pseudociencias en un peligro público?

Pues, la respuesta a esta interrogante es muy fácil. Comienza a ser un peligro cuando las personas sustituyen los medicamentos y tratamientos avalados para tratar patologías serias por remedios elaborados con plantas “milagrosas” o por tratamientos que no los empeoran, pero tampoco le aportan nada.

Si bien es cierto que las opiniones diferentes no son intrínsecamente peligrosas, también es una realidad que lo peligroso es cuando las personas no pueden saber si una disciplina está avalada por la ciencia o no. Entonces, no están simplemente eligiendo no creer en la ciencia; se les induce a pensar, erróneamente, que algo que no se basa en hechos, es ciencia.

Esto está muy extendido en la atención médica y la nutrición. La gente dice que los estudios prueban todo tipo de cosas que no prueban. A menudo, estos estudios o informes abusan de la causalidad y la correlación. Si bien algunas personas han modificado sus dietas o se han negado a tomar medicamentos basándose en la pseudociencia, muchas otras simplemente no saben dónde obtener información confiable.  

 

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