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Recientemente, la revista The Economist publicó un informe en el que se aborda la problemática que representa la lucha contra el cáncer en América Latina, en el contexto de la pandemia mundial por COVID-19, que mantiene en jaque a los servicios sanitarios del mundo, desde el mes de marzo del 2020.

El reporte, patrocinado por el grupo farmacéutico Roche y titulado “Preparación para el abordaje del cáncer en América Latina“, se basó en una investigación documental de 45 indicadores. Por medio de estos indicadores se determinó el impacto de las enfermedades neoplásicas en la región y la capacidad de respuesta de los 12 países latinoamericanos con mayor desarrollo económico ante esta situación.

Entre los datos obtenidos, destaca el hecho de que en Ecuador, como en la mayoría de los países del bloque, el cáncer representa la segunda causa de muerte en adultos, precedido sólo por las enfermedades cardiovasculares. De hecho, según estimaciones de la Sociedad Ecuatoriana de Oncología, cada año 28.000 personas son diagnosticadas con algún tipo de cáncer.

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Ahora bien, aun cuando la situación es grave y las proyecciones no son mucho más alentadoras. El informe reveló que para el año 2030 se esperan más de 2 millones de casos nuevos y alrededor de 980 mil muertes por cáncer solo en Latinoamérica y el Caribe. Lo que representaría un incremento del 45%, en comparación a la tasa del 2018, según la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC).

En este sentido, se cree que el incremento obedece a la diversidad socioeconómica y a la inequidad en el acceso a los servicios de salud, que ha signado históricamente a los países latinoamericanos. Los contrastes en la región más desigual del mundo, se hacen patentes cuando analizamos los indicadores macroeconómicos de países como Chile, cuyo PIB per cápita es de USD 14.000, y Bolivia en donde escasamente se alcanzan los USD 3.000.

No es de extrañar pues, que los países con mayor desarrollo presentan cifras más altas de neoplasias cuya aparición se relaciona al estilo de vida como cáncer de mama, próstata y colorrectal. Mientras que los países menos favorecidos aún luchan contra neoplasias relacionadas a enfermedades infecciosas como el cáncer de estómago, hígado y cuello uterino.

De hecho, el cáncer cervical tiene una mención especial en este informe, debido a que representa el cuarto tipo de cáncer más común en la región. Aún cuando puede prevenirse mediante vacunación y la realización de una citología anual para el despistaje de lesiones precancerosas.

Lamentablemente, el informe apunta que Ecuador es uno de los países de la región con más baja preparación para abordar el cáncer. Y esto se debe, a que los planes nacionales de control de cáncer fracasan ante la falta de planificación y presupuesto. Además el país no cuenta con políticas públicas que fomenten la investigación en materia oncológica.

Por lo tanto, el desarrollo de nuevas terapias farmacológicas y biológicas, la implementación de protocolos de tratamiento y la planificación de programas de prevención, depende de modelos internacionales, que en muchos casos no pueden adaptarse a las realidades nacionales.  

 

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