“La pestilencia brincó a Sicilia, Cerdeña, a Córcega y Elba, y de ahí llegó a las costas del continente… y muchas tierras y ciudades fueron desoladas. La plaga terminó hasta____.”
Texto inconcluso de Giovanni Villani (Nuova Cronica), cronista de Florencia que murió de peste negra en 1348 sin ver el final de la enfermedad, dejando el espacio en blanco para la posterioridad.

Angela Merkel declaró hace unos meses que la pandemia de Coronavirus es el reto más grande que ha enfrentado Alemania desde la Segunda Guerra Mundial. Hoy, a todos nos resulta evidente que vivimos momentos históricos, pero a unos meses de iniciada la pandemia nos hemos acostumbrado a vivir con ella. Esto nos ha llevado a verlo como algo cotidiano. Como dijo Paul Freedman en alguno de sus cursos sobre la temprana edad media: “La mayoría de la gente que vivía en el ocaso del Imperio Romano de Occidente seguramente no se daban cuenta de la importancia histórica de aquel momento o siquiera de la decadencia del imperio, es probable que se dedicaran como nosotros a sus vidas cotidianas sin percatarse de la trascendencia del momento.” Nosotros aún no sabemos con certeza que relevancia va a tener está pandemia en el futuro: ¿Cómo se van a transformar los Estados? ¿Cómo van a cambiar las relaciones geopolíticas? Estas son preguntas que no podemos contestar aún, pero la que si podemos contestar desde ahora es: ¿Quién va a escribir la historia de la pandemia en nuestro país?

El movimiento estudiantil de 1968 y la masacre de Tlatelolco tuvieron sus cronistas oficiales. También, algunos políticos afines al gobierno dieron sus versiones, pero lo que realmente nos ayudó a entender lo que pasó en esos momentos fueron las narraciones que vinieron desde “abajo”, de aquellos que vivieron los hechos en carne propia. Los testimonios de Elena Poniatowska, Luis González de Alba, José Revueltas y otros han sido invaluables para entender aquel momento decisivo de nuestra historia nacional. Lo mismo sucedió con el movimiento médico de 1964-1965 en el que encontramos narraciones como la del Dr. Norberto Treviño Zapata y el Dr. Alfredo Rustrían Azamar que vivieron y posteriormente narraron el movimiento. Sin duda, sin esos documentos sería mucho más difíciles entender que fue lo que sucedió y aprender de ello.

La pandemia en México está terriblemente polarizada y politizada. Cuando esto termine, los políticos e intelectuales afines al gobierno van a escribir que todo se hizo bien y los de la oposición que todo se hizo mal. Por lo tanto, es indispensable que los trabajadores de la salud que viven todos los días la pandemia escriban sobre el tema. Es fundamental que se sepa como reaccionó el país y el sistema de salud. Es vital que se cuente una historia desde “abajo”, desde las “trincheras”.

Que se presente otra pandemia es sólo cuestión de tiempo. Nadie puede decir cuando, pero es casi universal la posición de que se van a presentar otras pandemias, incluso peores. Eso es sólo cuestión de tiempo. Cuando los médicos dentro de 50, 100, 120 años tengan que enfrentarse a estas otras pandemias serán muy útiles las narraciones que hagan los médicos de hoy sobre lo que sucedía en el día a día. Los libros que escribirán los políticos y sus intelectuales afines no van a servir para nada en ese entonces, porque su utilidad se va a terminar con el próximo ciclo electoral. Por eso es importante que los médicos de primera línea escriban y publiquen sus vivencias, para que exista una narración sincera y cercana a los sucesos.

¿Qué se recordará de nosotros en 100 años?

Muchos de ustedes seguro tienen carreras brillantes y satisfactorias, grandes amigos y familias maravillosos, pero en el transcurso de los próximos cien o doscientos años es probable que todo eso haya desaparecido y sólo quede de nosotros lo que escribimos sobre momentos históricos como este. Si usted está tratando el coronavirus en primera línea, escribir no es cuestión de orgullo y desarrollo personal, es una responsabilidad histórica. Relatémosle a los que practicarán la medicina en el futuro los aciertos y errores que cometimos, para ayudarlos a enfrentar sus problemas. Contémosles sobre la falta de insumos, de ventiladores, de medidas de protección. El estado desastroso y crítico en que se encontraban el Sistema de Salud antes de iniciar la pandemia, la indolencia de algunas autoridades, el sacrificio de muchos, los que lucharon hasta la muerte, los despidos, los recortes de prestaciones y la violencia en contra del personal. Nosotros somos responsables de los médicos del futuro, no dejemos que una pandemia los sorprenda como lo hizo con nosotros.

Si queremos que se haga justicia al momento histórico que vivimos tienen que ser los que están en primera fila combatiendo la enfermedad los que cuenten la historia. A lo mejor no podemos decir con certeza como van a afectar los sucesos de estos meses al futuro de la humanidad, pero si podemos contar la historia. Yo por mi parte me pongo a disposición de cualquier profesional de la salud que requiera ayuda para redactar sus memorias, hacerlas un libro o publicarlas. Me parece que lo que se escriba hoy sobre el tema puede perdurar como las palabras de Giovanni Villani escritas en el siglo XIV y hoy recordadas en este texto.

Si le interesó mi columna, lo invito a leer mi novela: En la residencia médica, publicada en Amazon en formato físico y digital.