Respira y no pierdas la calma en el consultorio pediátrico

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Atender a niños en ocasiones puede ser muy complicado, sobre todo si se trata de niños pequeños, pues ¿cómo haces para que te expliquen qué es lo que le duele?

Si los llantos y forcejeos complican la auscultación, mira estos consejos:

  • Que sólo pase la mamá. Cuando un niño llega enfermo, ambos padres desean entrar a tu consultorio para acompañar a su hijo. De preferencia, permite que sólo entre la mamá, ya que por lo general es quien conoce mejor al niño y sabrá responder de mejor manera lo que preguntes. Ah, no olvides quitarte la bata, pues muchos niños se asustan al ver un médico y si te presentas ante él sin ella, posiblemente las cosas irán mucho mejor.
  • ¿Es un berrinche o en verdad está enfermo? Si no cuentas con mucha experiencia, debes entrenar tu ojo clínico para saber diferenciar entre un berrinche o si el niño realmente llora por dolor. Si el menor se encuentra triste o decaído, posiblemente se encuentra enfermo. Si patalea, grita y se aferra a los brazos de su madre, quizá se trate de un berrinche. De cualquier forma, debes realizar una exploración física.
  • Conviértete en su amigo. Si el niño es capaz de comunicarse, trata de crear un ambiente de confianza y empatía. Pregúntale su nombre y preséntate con él. Haz que se olvide que está en un consultorio formulándole preguntas sobre su escuela, las caricaturas que le gustan, sobre sus maestros, amigos. Muestra interés en sus respuestas  para que no pierdas el hilo de la conversación.
  • Juguetes en tu consultorio. Principalmente si eres pediatra, es aconsejable que tengas algunos juguetes pequeños en tu consultorio, puede ser un peluche o una pelota con los cuales el niño se puede distraer mientras lo revisas o interrogas a su familiar. Para ahorrar tiempo y para aprovechar la distracción de tu pequeño paciente, haz las preguntas necesarias para que el familiar no abunde en otros temas sin importancia.
  • Miedo a las inyecciones. No hay peor miedo para un niño dentro de un consultorio que las temibles inyecciones. Por tal razón convencer a los niños para que se dejen aplicar una inyección puede ser un trabajo titánico. Para facilitar esta tarea pídele que respire lenta y profundamente para que se relaje. De igual forma, puedes preguntarle cosas de su interés mientras aplicas la inyección.

No pierdas la paciencia y siempre mantén una actitud positiva en el consultorio pediátrico. 

Taboola