El sonido es el tejido que nos conecta con el entorno, pero su omnipresencia suele volverlo invisible hasta que comienza a fallar. Cuidar la salud auditiva en México no es sólo una medida preventiva contra la sordera, sino la base para preservar la capacidad de comunicación, el equilibrio emocional y la agilidad cognitiva. El inconveniente es que la mayoría de la población no presta atención a sus oídos.
Vivir en las grandes urbes de México implica estar expuesto a niveles de ruido que frecuentemente superan los 80 decibelios (dB), el límite considerado seguro por organismos internacionales para exposiciones prolongadas. Cuando es constante empiezan los problemas de salud.
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Panorama de la salud auditiva en México
El sonido de la ciudad es constante: motores, construcciones, bocinas, música y notificaciones digitales crean un entorno en el que el ruido forma parte de la vida cotidiana. Lo que antes se percibía como un simple fondo hoy se reconoce como un factor con impacto directo en la salud auditiva y el bienestar general.
En este contexto, la atención se enfoca en comprender los niveles de exposición al ruido y en identificar oportunamente sus efectos en la audición, como los traumatismos acústicos.
Los mexicanos no se realizan pruebas auditivas con frecuencia
De acuerdo con datos de MED-EL, el 31% de los mexicanos nunca se ha realizado una prueba auditiva. Esta cifra evidencia un área de oportunidad en la cultura de prevención y resalta la importancia de impulsar evaluaciones tempranas, que permiten detectar cualquier alteración de manera oportuna y mejorar significativamente los resultados de tratamiento.
En el marco del Día Internacional de Concienciación sobre el Ruido, que se conmemora el último miércoles de abril, se promueve la reflexión sobre el impacto del sonido en la vida diaria y la adopción de medidas como el monitoreo del entorno sonoro y las evaluaciones periódicas de la audición.
El Centro Nacional de Metrología (CENAM) advierte que la exposición a sonidos superiores a los 80 decibeles (dB) es capaz de afectar la audición.
Como referencia, una conversación normal ronda los 60 dB, mientras que el tráfico urbano alcanza los 80 dB. Otros sonidos cotidianos superan ampliamente estos niveles: una motocicleta puede llegar a 100 dB, maquinaria de construcción y sirenas a 110 dB, y el despegue de un avión hasta 150 dB.
“El ruido trasciende la categoría de simple molestia y se posiciona como un factor de riesgo acumulativo para la salud auditiva. La exposición continua a niveles superiores a 90 decibeles tiende a generar un deterioro progresivo en las células auditivas, en etapas iniciales con manifestaciones poco perceptibles”, explica la Dra. María Fernanda Alderete, Médico Audiólogo y de Soporte Clínico en MED-EL.
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Pérdida auditiva inducida por ruido
En este contexto, la pérdida auditiva inducida por ruido se posiciona como uno de los principales desafíos de salud. Esta se clasifica en dos tipos: el traumatismo acústico agudo o crónico, derivado de exposiciones intensas y breves —como explosiones o disparos— que pueden causar daños inmediatos; y el traumatismo acústico permanente, resultado de la exposición continua a altos niveles de ruido, común en entornos urbanos o laborales, que provoca un deterioro progresivo e irreversible.
El impacto del ruido en la salud auditiva en México no se limita a la audición. También se manifiesta a través de síntomas como estrés, dolores de cabeza, alteraciones del sueño, taquicardia e hipertensión. Estas señales, lejos de ser aisladas, se relacionan con una exposición constante a entornos sonoros elevados y deben considerarse como un llamado de atención.
Cuidar la audición es una decisión que marca la diferencia en la calidad de vida. Por ello, especialistas recomiendan realizar al menos una revisión auditiva al año, especialmente ante exposición constante a altos niveles de ruido o ante la presencia de señales como dificultad para escuchar, zumbidos o fatiga auditiva. Un chequeo oportuno es rápido, no invasivo y representa el primer paso para prevenir afectaciones mayores y mantener una adecuada salud auditiva a lo largo del tiempo.
