Hablar de la salud de la mujer en México exige hacer un análisis profundo. Si bien la medicina tradicionalmente ha encasillado la corporalidad femenina bajo la óptica exclusiva de la reproducción, la realidad social del país revela un panorama mucho más complejo: un sistema donde las brechas de género, la carga cultural del cuidado y la desigualdad económica dictan quién tiene derecho a una calidad de vida digna y quién está condenada a sobrellevar la enfermedad en silencio.
El principal obstáculo para la salud de las mujeres en el contexto mexicano no siempre se encuentra dentro de un quirófano o en la falta de medicamentos, sino en la organización social del hogar.
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Las mujeres viven más años pero no necesariamente con una mejor calidad
Las mujeres en México viven en promedio 79 años, pero esa mayor esperanza de vida no siempre se traduce en calidad de vida. En edades productivas, la diabetes es la segunda causa de muerte entre los 30 y 64 años; las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de defunción; y los tumores malignos cobran cerca de 40 mil vidas femeninas al año.
Este panorama tiene un costo económico y social significativo: en 2020, 3.9% de los hogares en México incurrieron en gasto catastrófico en salud, de acuerdo con CONEVAL, reflejando el impacto de los gastos de bolsillo en la economía familiar y las desigualdades en el acceso a la atención médica. Además, cuando una mujer o cuidadora principal se enferma, también se afectan los cuidados no remunerados que sostienen a muchas familias.
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Brechas de género en la salud de la mujer en México
La evidencia muestra que la detección temprana es una inversión de alto retorno; en cáncer de mama, los diagnósticos en etapas avanzadas incrementan significativamente los costos de atención, mientras que detectar y tratar la enfermedad en etapas iniciales puede reducirlos hasta en 70%, además de mejorar la supervivencia y disminuir complicaciones.
Postergar un chequeo “hasta los 40” es una apuesta de alto riesgo. En México, sólo una de cada tres mujeres con cáncer de mama recibe diagnóstico temprano y la cobertura de mastografías continúa siendo menor en entidades con altos niveles de marginación y en zonas rurales.
Las brechas se profundizan en mujeres indígenas, rurales y sin seguridad social, donde el subdiagnóstico y los tiempos prolongados entre la sospecha clínica y la confirmación diagnóstica se traducen en menor supervivencia y mayores costos directos e indirectos. Cuando una mujer en edad productiva enferma, se reducen los ingresos del hogar, se interrumpen los cuidados de niñas, niños y personas mayores y se deteriora la cohesión de la red familiar.
La prevención y el diagnóstico oportuno deben asumirse como una práctica cotidiana de autocuidado. Revisiones periódicas, mastografías, pruebas de Papanicolaou y el control de enfermedades metabólicas reducen hospitalizaciones, evitan complicaciones y preservan años de vida saludable y de productividad. En un país donde las mujeres son el pilar de los cuidados, cada diagnóstico temprano evita costos de alto impacto para las familias y para el sistema de salud.
“La detección oportuna y el acceso a innovaciones pueden ser la oportunidad entre vivir con calidad o enfrentar complicaciones graves. La prevención no debe esperar a los 40, debe integrarse a nuestro autocuidado desde jóvenes, para que ninguna mujer se quede atrás”, señaló Ramsés Hernández, Director Médico y Diagnóstico Interino para AstraZeneca en México.
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Día Internacional de Acción por la Salud de la Mujer
En el marco del Día Internacional de Acción por la Salud de la Mujer, que se conmemora cada 28 de mayo, el mensaje es: cuidarte es una elección no postergable. Hacerte chequeos, atender señales de alerta y acceder a diagnósticos oportunos es una expresión concreta de autocuidado y la mejor forma de proteger a tu familia, tu autonomía y tu futuro. Desde la perspectiva nacional, invertir en prevención y detección temprana implica ahorros sustanciales para el sistema de salud, reducción del gasto catastrófico y más productividad para la economía.
Este desafío es sistémico y requiere colaboración multisectorial. Sociedad, instituciones de salud, gobierno e industria pueden acelerar el cambio acercando servicios de tamizaje a zonas marginadas, robusteciendo la atención primaria, asegurando rutas diagnósticas rápidas y financiando modelos que prioricen la detección temprana, donde el retorno social y económico es más alto.
La salud de la mujer en México no puede seguir siendo una tarea pendiente. Al final se trata del motor oculto de la economía nacional que debemos activar con innovación y un compromiso sostenido con la equidad en el acceso.
