El panorama actual de la salud en Latinoamérica se caracteriza por una paradoja fascinante y, a la vez, cruda. Mientras la región experimenta una aceleración sin precedentes en la adopción de tecnologías digitales, las brechas estructurales de acceso y equidad siguen siendo la asignatura pendiente más dolorosa.
De igual forma, la poca inversión es uno de los problemas más severos en esta zona del planeta. En parte fue uno de los motivos por los cuales la pandemia del 2020 provocó tantos fallecimientos. Muchos de los hospitales y clínicas tienen personal médico calificado pero carecen de infraestructura y equipo de vanguardia.
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Avances y retrocesos de la salud en Latinoamérica
Aunque en las últimas décadas la región ha logrado avances importantes en cobertura con sistemas que han ampliado el aseguramiento a millones de personas continúan las brechas que evidencian que estar afiliado no siempre significa recibir atención efectiva.
De acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el 35.2% de la población en Latinoamérica reporta necesidades sanitarias no satisfechas. Esta cifra se acentúa en los sectores de menores ingresos, donde alcanza el 38.5%, lo que confirma que la desigualdad sigue siendo un factor determinante en el acceso.
Adicionalmente, cerca de 3 de cada 10 personas (29.3%) desisten de buscar atención médica por razones como tiempos de espera prolongados, costos elevados o barreras administrativas.
En países como México es uno de los principales motivos por los cuales los pacientes prefieren los consultorios anexos a farmacias en lugar de servicios públicos como el IMSS e ISSSTE.
Los retos de la infraestructura hospitalaria
El panorama evidencia un reto estructural, aunque los países han incrementado los niveles de cobertura, esto no se traduce necesariamente en disponibilidad física de servicios ni en su asequibilidad.
En 2021 los hogares latinoamericanos financiaron más del 28% del gasto total en salud con recursos propios, un indicador que puede incrementar el riesgo de empobrecimiento ante eventos médicos inesperados.
En este contexto, expertos coinciden en que el asunto va más allá del financiamiento o la afiliación. La fragmentación de los sistemas, los modelos que priorizan el volumen y la concentración de servicios en zonas urbanas continúan ampliando las brechas, especialmente en territorios rurales donde se ubican las poblaciones más vulnerables.
“El reto actual va más allá de ampliar la cobertura, y se trata de garantizar que esa cobertura funcione en la práctica. Cuando el diagnóstico no llega a tiempo, la desigualdad se profundiza y los costos aumentan para todo el sistema; por eso, avanzar hacia diagnósticos tempranos, optimizar los flujos de atención con apoyo de inteligencia artificial y llevar capacidades de alta tecnología a donde más se necesitan es fundamental para construir sistemas de salud más equitativos, eficientes y sostenibles”, señala Alejandro Paolini, director general de Siemens Healthineers para México, Centroamérica y el Caribe.
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Contrastes y diferencias en América Latina
Por otra parte, la región no es homogénea y existen contrastes significativos entre países. En el caso de México, para finales de 2025 el sistema de salud mantuvo una cobertura médica (pública o privada) del 78% de la población, en un país de 133.4 millones de habitantes.
Si bien este dato refleja avances importantes, aún persisten áreas de oportunidad para garantizar que dicha cobertura se traduzca en acceso efectivo, oportuno y de calidad, lo que abre espacio para fortalecer el sistema mediante el uso de tecnologías que optimicen los diagnósticos y reduzcan los cuellos de botella en la atención.
De cara al futuro, América Latina se encuentra en un punto de inflexión. El envejecimiento poblacional, el aumento de enfermedades crónicas y las restricciones fiscales están incrementando la presión sobre los sistemas de salud.
Frente a este escenario, los expertos coinciden en que la solución no pasa únicamente por expandir la cobertura, sino por transformar la manera en que se presta la atención: sistemas más integrados, digitales, preventivos y centrados en el paciente.
