La salud humana es tan amplia y extensa que va más allá de la alimentación o el ejercicio. Además cada vez hay más evidencia de que el entorno y el aire que se respira tiene un impacto directo con el bienestar. Por lo anterior, los pequeños detalles en realidad pueden hacer grandes diferencias.
En este contexto, la salud integral ha dejado de ser entendida como la simple ausencia de afecciones o enfermedades para transformarse en un estado dinámico de equilibrio que abarca todas las dimensiones del ser humano.
En este modelo contemporáneo, el cuerpo, la mente, el entorno social y el propósito personal no funcionan como compartimentos estáticos, sino como una red interconectada donde la alteración de uno afecta inevitablemente a los demás.
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Relación entre la salud humana y el medio ambiente
En el marco del Día de la Tierra 2026 que se conmemora el 22 de abril, el Dr. Luis Dorado, médico cirujano y especialista en nutrición clínica y obesidad, pone sobre la mesa una idea clave: no se puede hablar de salud sin hablar del planeta.
Este año la conmemoración global impulsada por Earth Day se celebra bajo el lema “Nuestro poder, nuestro planeta” (Our Power, Our Planet), que enfatiza el impacto real de nuestras decisiones cotidianas.
Desde la medicina preventiva, cada vez es más claro que la salud humana está directamente influenciada por el entorno. La calidad del aire, los sistemas alimentarios, los espacios urbanos y los estilos de vida forman parte de un mismo ecosistema donde el deterioro ambiental se traduce en mayor riesgo de enfermedad.
“No podemos separar la salud de las personas de la salud de lo que nos rodea y lo que habitamos. Lo que pasa en el planeta termina impactando directamente en nuestro metabolismo, nuestras enfermedades y nuestra calidad de vida”, explica el Dr. Dorado.
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La alimentación es un punto clave de intersección
Uno de los puntos más relevantes de esta conexión está en la alimentación. Los patrones dietéticos con mayor presencia de alimentos de origen vegetal no solo se asocian con menor riesgo de enfermedades como diabetes tipo 2 o enfermedades cardiovasculares, también implican una menor carga ambiental.
Elegir alimentos más naturales, locales y menos procesados ayuda a reducir el impacto sobre recursos clave como el agua, el suelo y la biodiversidad.
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El ejercicio físico también beneficia al planeta
La actividad física también tiene un impacto dual. Caminar, usar la bicicleta o reducir el uso del automóvil no solo disminuye emisiones contaminantes, también promueve un estilo de vida más activo, reduciendo el riesgo de enfermedades crónicas.
Este enfoque pone en evidencia la importancia de entornos más accesibles, seguros y con espacios verdes.
En paralelo, la sostenibilidad también entra en el terreno digital. Si bien la tecnología ha permitido optimizar procesos y reducir el uso de recursos como el papel, herramientas emergentes como la inteligencia artificial (IA) implican un consumo considerable de energía y agua, abriendo una nueva conversación sobre el uso responsable de la innovación.
Un cambio que va más allá del individuo
El impacto ambiental no depende únicamente de decisiones personales. Empresas, instituciones y sistemas de salud también juegan un papel clave en la adopción de prácticas sostenibles que permitan generar cambios reales a largo plazo.
El mensaje del Día de la Tierra es claro: el cambio es colectivo. “No se trata de hacerlo perfecto, sino de entender que cada decisión suma. La forma en la que comemos, nos movemos y consumimos tiene un impacto acumulativo. La salud del planeta y la nuestra no van por separado”, concluye el Dr. Dorado.
