Dentro del mundo moderno la sepsis se ha convertido en una emergencia médica que puede generar complicaciones de diversas magnitudes. Todo ocurre cuando la respuesta del organismo frente a una infección se desregula y comienza a provocar alteraciones que pueden afectar el funcionamiento de órganos vitales.
El abordaje oportuno mediante la ejecución de la “hora dorada” que contempla la obtención de cultivos, la administración inmediata de antimicrobianos de amplio espectro, la reanimación con fluidos endovenosos y el monitoreo estricto de lactato sérico es la intervención primaria para revertir la hipoxia celular y estabilizar al paciente.
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¿Por qué la sepsis es una emergencia médica?
La razón fundamental por la que la sepsis es catalogada como una verdadera emergencia médica radica en la velocidad con la que progresa y destruye la función fisiológica. Cada hora de retraso en la identificación y el inicio del tratamiento adecuado incrementa exponencialmente la probabilidad de choque séptico, una etapa crítica caracterizada por colapso cardiovascular, alteración de la perfusión tisular y fallo multiorgánico.
Dentro del marco del Día Mundial de la Sepsis, que se conmemora cada 13 de septiembre, varios especialistas destacaron la importancia de mantener medidas rigurosas de prevención de infecciones durante procedimientos invasivos como cirugías y colocación de catéteres, ya que una infección asociada puede evolucionar hacia sepsis.
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¿Cuántos casos de sepsis ocurren en el mundo?
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que cada año se registran cerca de 48.9 millones de casos de sepsis y 11 millones de fallecimientos en todo el planeta relacionados con esta condición.
“La sepsis no es solo una infección severa, sino una emergencia médica donde la respuesta desregulada del organismo daña sus propios tejidos y órganos, avanzando en cuestión de horas si no se interviene. Los signos críticos de alerta incluyen: fiebre, dificultad respiratoria, presión arterial baja y alteración mental”, explicó el Dr. Eduardo Alberto González Escudero, jefe del Servicio de Terapia Intensiva del Hospital Ángeles Universidad.
Algunas infecciones pueden surgir durante un procedimiento quirúrgico, como la colocación de un catéter, cuando microorganismos alcanzan tejidos profundos o el torrente sanguíneo. Si evolucionan a sepsis, el paciente puede requerir hospitalización prolongada o cuidados intensivos, con mayores costos para el sistema de salud y para las familias.
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¿Cuál es el impacto económico y laboral de la sepsis?
De acuerdo con los costos unitarios del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) vigentes para 2026 y publicados en el Diario Oficial de la Federación (DOF), un día de hospitalización en una unidad de tercer nivel tiene un costo de 15,764 pesos, mientras que uno de terapia intensiva asciende a 82,158 pesos. A nivel internacional, la OMS calcula que el costo hospitalario medio de la sepsis supera los 32 mil dólares por paciente en los países de ingreso alto.
Un estudio realizado en Alemania con 7,370 sobrevivientes de sepsis en edad laboral encontró que, seis meses después del episodio, 22.8% seguía de baja por enfermedad y 8% se había jubilado anticipadamente. Al cumplirse un año, 9.8% continuaba de baja y 13.3% se había retirado de manera anticipada. Uno de cada cuatro supervivientes de sepsis en edad laboral no se reincorpora al trabajo durante el año posterior a la sepsis.
La importancia de la antisepsia
Una medida para reducir el riesgo de infección durante procedimientos invasivos es la preparación adecuada de la piel. El objetivo es disminuir los microorganismos presentes en el sitio.
“La piel tiene microorganismos de manera natural. Cuando realizamos una incisión o colocamos un catéter, atravesamos esa barrera y existe el riesgo de que algunos alcancen tejidos profundos o el torrente sanguíneo. Por eso, la antisepsia previa es una parte importante del procedimiento”, explica el Dr. Gabriel García Correa, gerente clínico y de consultoría de BD México.
Adoptar la antisepsia no solo como una norma técnica, sino como una cultura de seguridad en todos los niveles de la atención médica es la estrategia más costo-efectiva para salvar vidas. Al neutralizar los microorganismos antes de que vulneren el huésped, la práctica antiséptica constante protege la integridad de los pacientes, reduce la presión sobre los servicios de urgencias y refuerza el compromiso fundamental de la medicina: prevenir el daño antes de tener que curarlo.
