Ser bilingüe ayudaría en el tratamiento de niños con Trastorno de Espectro Autista, afirma estudio

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De manera tradicional, se piensa que el aprender un segundo idioma es una buena manera de estar más preparado en el competitivo mundo laboral, pero de acuerdo con una reciente investigación, también se obtienen más ventajas, en especial en el caso de los niños que padecen de autismo, pues les ayuda en la flexibilidad de su capacidad cognitiva, lo que resulta benéfico para su tratamiento.

En este caso, científicos de la Universidad McGill (UM), ubicada en Canadá, realizaron una investigación en la que a través de un programa informático evaluaron la capacidad para cambiar de tareas en un grupo de 40 niños con edades de entre 6 y 9 años, de los que la mitad tenían TEA, además de que la mitad de los participantes de ambos grupos hablaban dos idiomas.

De esta manera, el trabajo identificó que los niños bilingües que padecían TEA tenían un rendimiento significativamente mejor cuando se complicaba la prueba, en comparación con los que sólo hablaban un idioma.

Por su parte, Aparna Nadig, investigadora de la UM y autora del trabajo, declaró que a pesar de que el tamaño de la muestra es demasiado pequeño y hacen falta más trabajos al respecto, los resultados son alentadores sobre las ventajas de aprender un segundo idioma para niños con este padecimiento.

Es fundamental tener más pruebas sólidas para que las familias puedan tomar decisiones importantes sobre la educación y crianza de sus hijos debido a que a menudo se les advierte que exponer a un niño con un trastorno autista a más de un idioma puede causarles dificultades a la hora de expresarse, cuando en realidad puede ser todo lo contrario.

Al respecto, la Secretaría de Salud (SSa) dio a conocer que en nuestro país, la prevalencia de autismo es de 1 de cada 115 niños, lo que significa que actualmente alrededor de 400 mil infantes padecen esta condición.

Por otra parte, a escala global la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que 1 de cada 160 niños tiene TEA, que a pesar de no tratarse de un padecimiento mortal sí afecta de manera significativa la calidad de vida de los pacientes.