El síndrome del impostor es un fenómeno psicológico bastante común entre la población. Aunque no es exclusivo de los médicos y los profesionales de la salud, afecta a un porcentaje considerable de este gremio e incluso hay quienes lo padecen y no lo saben. No es exactamente una enfermedad pero una de sus principales consecuencias es el deterioro en la calidad de vida.
A pesar de acumular experiencia, credenciales, reconocimientos objetivos y años de trayectoria comprobada, quienes atraviesan este fenómeno atribuyen sus logros a la suerte, al azar o al esfuerzo desmedido, descartando su propia capacidad técnica y talento individual.
Pero antes, ¿qué es el síndrome del impostor?
El síndrome del impostor es un fenómeno psicológico en el que una persona duda persistentemente de sus propias capacidades, logros o conocimientos, aun cuando existen evidencias objetivas de que es competente.
Las personas que lo experimentan pueden pensar que sus éxitos se deben a la suerte, a circunstancias externas o a que otras personas sobreestiman sus capacidades, y puede vivir con el temor de que eventualmente los demás descubran que es un “fraude”.
Una revisión sistemática publicada en el Journal of General Internal Medicine, que analizó 62 estudios con más de 14,000 participantes, encontró que entre 9% y 82% de las personas experimentan síntomas del síndrome del impostor en algún momento de su vida profesional. Además, este fenómeno se asocia con mayores niveles de ansiedad, agotamiento y menor satisfacción laboral.
“El síndrome del impostor no necesariamente refleja una falta de capacidades, sino una dificultad para reconocer y valorar las propias competencias. En profesiones de alta exigencia, como la medicina, esta percepción puede tener un impacto directo en la trayectoria profesional: desde limitar la participación en nuevos proyectos hasta evitar oportunidades de liderazgo o desarrollo. Desde la perspectiva de empleabilidad, trabajar en la identificación del propio valor profesional es fundamental, porque no basta con contar con las competencias; también es necesario tener la confianza para comunicarlas y ponerlas al servicio de nuevas oportunidades”, afirma Tatiana García, quien es experta en Selección, Evaluación de Talento y coaching en Empleabilidad.
¿Cómo puede afectar al rendimiento médico?
El síndrome del impostor puede tener un impacto nocivo en el rendimiento de los médicos, especialmente en las personas que trabajan en ambientes de alta exigencia. A continuación te compartimos algunas de sus consecuencias.
- Aumenta la ansiedad ante la toma de decisiones. Un médico que duda constantemente de sus conocimientos puede experimentar mayor ansiedad al tomar decisiones clínicas, incluso cuando cuenta con la preparación y experiencia necesarias. Esto puede hacer que dedique más tiempo del necesario a determinadas decisiones o busque validación constantemente.
- Puede favorecer el perfeccionismo. La necesidad de demostrar que se es competente puede llevar al médico a establecer estándares excesivamente altos. Revisar repetidamente expedientes, estudiar durante horas adicionales o sentir que nunca se está suficientemente preparado puede terminar generando agotamiento.
- Puede disminuir la confianza profesional. La percepción de “no ser suficientemente bueno” puede hacer que el médico subestime sus capacidades. Paradójicamente, esto puede ocurrir incluso después de obtener buenos resultados académicos, completar una residencia exigente o recibir reconocimiento de colegas y pacientes.
- Puede afectar la comunicación con pacientes y colegas. La inseguridad puede dificultar que el médico comunique sus decisiones con firmeza o participe activamente en equipos multidisciplinarios. En algunos casos, también puede provocar que evite preguntar o admitir que desconoce algo por temor a parecer incompetente.
- Puede incrementar el riesgo de agotamiento profesional. El esfuerzo constante por demostrar competencia puede traducirse en jornadas excesivas, dificultad para desconectarse del trabajo y una sensación permanente de presión. Esto puede contribuir al burnout, aunque síndrome del impostor y burnout no son lo mismo.
- Puede generar conductas de evitación. Algunos médicos pueden evitar asumir nuevas responsabilidades, participar en investigaciones, hablar en congresos, solicitar promociones o aceptar puestos de liderazgo porque consideran que todavía “no están preparados”.
- Puede producir un efecto paradójico: sobrepreparación. No todos los efectos son negativos de manera inmediata. El temor a equivocarse puede llevar a algunos profesionales a estudiar más, revisar guías clínicas exhaustivamente y prepararse cuidadosamente. El problema aparece cuando esta conducta deja de ser proporcional y comienza a afectar el bienestar o la eficiencia.
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¿Por qué el síndrome del impostor es tan común en los médicos?
La profesión médica tiene características que pueden favorecer este fenómeno: alta competencia académica, responsabilidad sobre la vida de otras personas, jerarquías profesionales, evaluación constante, presión por cometer pocos errores y expectativas sociales muy elevadas.
Durante la residencia médica puede aparecer con especial intensidad. Un residente puede pasar de ser uno de los estudiantes más destacados de su generación a encontrarse rodeado de profesionales igualmente brillantes. Esa comparación puede generar la percepción de que “todos saben más que yo”, aunque objetivamente su desempeño sea adecuado.
¿Significa que un médico con síndrome del impostor tendrá peor desempeño?
No necesariamente. Tener pensamientos asociados al síndrome del impostor no significa que un médico sea incompetente ni que vaya a cometer errores clínicos. De hecho, muchas personas altamente competentes experimentan este fenómeno.
El problema surge cuando la inseguridad interfiere de manera persistente con la toma de decisiones, la comunicación, el aprendizaje, el descanso o la capacidad para asumir responsabilidades.
En última instancia, un médico competente no es aquel que nunca duda, sino aquel que sabe cuándo confiar en sus conocimientos, cuándo consultar a otro profesional y cuándo reconocer honestamente que necesita aprender algo nuevo.
