A lo largo de los últimos años se ha registrado un aumento en la incidencia del Síndrome del ojo seco en todo el mundo. Tan sólo en las principales ciudades se estima que hasta el 80% de la población podría tener esta condición, en parte relacionada con el uso excesivo de pantallas y dispositivos móviles. El mayor inconveniente es que millones de personas suelen normalizar el ardor y la picazón ocular sin solicitar ayuda profesional.
De igual forma, otras fallas bastante cotidianas son la automedicación en lugar de acudir con un oftalmólogo. De hecho la máxima recomendación es ir por lo menos a una revisión al año para identificar cualquier afectación desde sus primeras etapas y poder actuar a tiempo.
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Factores de riesgo del síndrome del ojo seco
Especialistas médicos señalan que, aunque en la gran mayoría de los casos del Síndrome de ojo seco se trata de una molestia leve, los cuadros graves o ignorados pueden poner en riesgo la salud ocular. Conocer sus causas, señales de alerta y la importancia de la prevención es fundamental.
La frecuencia de este padecimiento varía drásticamente dependiendo del entorno. Mientras que en zonas con aire limpio y húmedo las cifras rondan el 5% de la población, en las grandes ciudades densamente habitadas este porcentaje se dispara por la combinación de factores como contaminación ambiental, uso constante de sistemas de aire acondicionado y calefacción, así como utilización excesiva de dispositivos electrónicos (smartphones, tabletas y computadoras).
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Principales síntomas del síndrome del ojo seco
- Sensación de cuerpo extraño: Tener la impresión constante de tener arena, polvo o una pestaña atrapada dentro del ojo.
- Ardor, picazón o quemazón: Molestia punzante que suele empeorar al final del día o tras periodos de concentración visual.
- Enrojecimiento ocular: Irritación visible en la parte blanca del ojo (esclerótica) debido a la inflamación de la superficie.
- Lagrimeo excesivo (epífora paradójica): Puede parecer contradictorio, pero la irritación constante genera una respuesta de emergencia del sistema lagrimal, produciendo lágrimas “acuosas” de baja calidad que no logran lubricar el ojo y se derraman rápidamente.
- Visión borrosa intermitente: Sensación de desenfoque que mejora momentáneamente al parpadear o al aplicar gotas lubricantes.
- Sensibilidad a la luz (fotofobia): Incomodidad o molestia ante la luz solar, luces brillantes o la claridad de las pantallas.
- Fatiga o pesadez en los párpados: Dificultad para mantener los ojos abiertos de forma cómoda, especialmente al leer o trabajar frente a una computadora.
- Secreción pegajosa: Presencia de moco fino o “legañas” filamentosas alrededor de los ojos o en las pestañas, sobre todo al despertar.
Consejos para el cuidado de la salud ocular
La Dra. Rosario Gulias recomienda acudir a un chequeo oftalmológico preventivo si las molestias persisten. Es necesario visitar al especialista después de los 40 años, o antes si hay antecedentes de miopía alta o glaucoma, para evaluar el estado de la córnea, el cristalino y la presión intraocular.
- Optimizar la ergonomía de las pantallas: No solo se trata de mirar a lo lejos, sino de colocar la pantalla ligeramente por debajo de la línea de los ojos. Al mirar hacia abajo, los párpados se abren menos, reduciendo la evaporación de la lágrima natural.
- Ajustar la humedad ambiental: Utilizar un humidificador de escritorio. Evitar que corrientes de aire (de ventiladores o rejillas de coche) apunten directo al rostro.
- Aplicar la regla del 20-20-20: Al usar pantallas, cada 20 minutos mira a lo lejos durante 20 segundos para reducir la fatiga visual.
- Evitar la automedicación: No usar cualquier lágrima artificial ni remedios caseros, la superficie ocular tiene un pH muy delicado.
- Adoptar hábitos de vida saludables: Una dieta rica en antioxidantes (verduras), mantener un peso adecuado, hacer ejercicio y dormir bien benefician también a la vista.
Las mujeres mayores de 40 años están más expuestas
La Dra. Gulias asegura que esta condición también presenta mayor incidencia en mujeres mayores de 40 años o en la etapa posterior a la menopausia, debido a los cambios hormonales.
El síndrome del ojo seco por lo general no es peligroso; sin embargo, los casos avanzados que no reciben atención médica pueden complicarse. La mayoría de las personas experimentan molestias leves que mejoran con cuidados sencillos aunque la Academia Americana de Oftalmología (AAO) advierte que los efectos varían en cada paciente. Algunos sufren limitaciones para realizar sus actividades diarias, otros pueden experimentar dolor crónico, ansiedad y trastornos del ánimo.
Si el padecimiento no se trata a tiempo y se recurre a la automedicación o remedios caseros, la falta de lubricación puede derivar en inflamación ocular severa, abrasión y úlceras en la superficie de la córnea, infecciones recurrentes y pérdida de la visión en casos extremos.
