El infarto cerebral, también conocido como evento vascular cerebral isquémico (EVC), se ha consolidado como una de las mayores emergencias médicas del siglo XXI. Ocurre cuando un coágulo obstruye el flujo sanguíneo hacia una parte del cerebro, lo que priva a las neuronas de oxígeno y nutrientes esenciales.
Un punto interesante es que ya no se trata de una patología exclusiva de la vejez. Aunque el envejecimiento de la población global eleva las estadísticas, el ritmo de la vida contemporánea ha provocado un incremento alarmante de casos en adultos jóvenes y en edad productiva.
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Sobrevivir a un problema no significa que desaparezca por completo
Por otra parte, es importante hacer énfasis en que sobrevivir a un infarto cerebral no siempre significa recuperar la vida anterior. Para muchas personas, el evento deja secuelas que afectan la movilidad, el lenguaje, la memoria y la autonomía, y que obligan a enfrentar una nueva rutina en casa, en el trabajo y en su entorno familiar.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) es la principal causa de discapacidad en adultos porque cerca del 44% de quienes lo padecen permanecen con alguna dependencia funcional. Lo anterior se traduce en más de 60 millones de días perdidos de vida saludable a nivel global y se prevé que esta carga se duplique para 2030 si no se refuerzan las estrategias de atención y prevención.
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Principales secuelas que desarrollan los sobrevivientes de un infarto cerebral
Si bien cada caso es diferente, entre las principales secuelas del infarto cerebral se encuentran alteraciones del lenguaje y motoras como: dificultad para hablar, cambios en la capacidad para pensar o razonar, problemas de memoria, así como limitaciones para mover ciertas extremidades o ejecutar acciones básicas, y que afectan de forma directa la autonomía del paciente.
“El impacto del infarto cerebral no termina cuando el paciente sale del hospital. Para muchas personas, el verdadero cambio comienza después, cuando tienen que adaptarse a nuevas limitaciones físicas, cognitivas o del lenguaje”, explicó el Dr. Daniel Sánchez Arreola, miembro de la mesa directiva de la Sociedad Mexicana de Medicina de Emergencia (SMME).
El impacto también alcanza a la economía familiar. Un estudio realizado por la Stroke Alliance for Europe (SAFE) reveló que los costos económicos asociados al infarto cerebral, incluyendo atención médica, cuidados, asistencia y pérdida de productividad, podrían alcanzar los 86 mil millones de euros para 2040, es decir, más de 1.7 billones de pesos mexicanos aproximadamente, si no se refuerzan las acciones de prevención, tratamiento y rehabilitación.
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¿Qué es la Estrategia CAMALEÓN?
En este contexto, iniciativas como la Estrategia CAMALEÓN cobran relevancia. Basada en un acrónimo fácil de recordar —CAra colgada, MAno pesada, LEngua trabada y ÓN de ponerse en acciÓN y acudir al hospital de manera inmediata—, esta herramienta busca que las personas reconozcan de forma rápida los signos de un infarto cerebral y busquen atención médica, la cual está comprobado que si se recibe dentro de las primeras 4.5 horas desde la aparición del primer síntoma puede marcar la diferencia entre la recuperación y una discapacidad permanente.
Las secuelas de un infarto cerebral pueden ser duraderas y transformar por completo la vida de una persona. Reconocer los síntomas y acudir de inmediato a un hospital no solo salva vidas, sino que también preserva la calidad de vida de los pacientes evitando mayor discapacidad.
