Los trastornos neurológicos se han convertido en una de las mayores amenazas para la salud pública mundial del Siglo XXI. Algunas condiciones como el Alzheimer, el Parkinson, los eventos cerebrovasculares, la migraña y la epilepsia se mantienen en aumento y el reto no sólo es su tratamiento, sino su diagnóstico oportuno porque algunas veces llega con años de retraso.
El cerebro humano es la estructura más compleja del universo conocido: está conformado por miles de millones de neuronas que coordinan cada pensamiento, movimiento, emoción y memoria. Cuando este delicado sistema de redes sufre una alteración el impacto trasciende al individuo y redefine la vida de familias y sociedades enteras.
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Impacto de los trastornos neurológicos
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) asegura que invertir en prevención y fortalecer las redes de apoyo no es solo una cuestión de salud pública, sino un imperativo para garantizar la calidad de vida de cientos de millones de personas en las próximas décadas.
Agrega que cerca de 470 millones de habitantes de las Américas, el equivalente a dos de cada cinco personas, viven con al menos una afección neurológica o relacionada con lesiones del sistema nervioso.
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Disminuye la mortalidad pero aumenta la discapacidad crónica
De acuerdo con un análisis publicado en The Lancet Regional Health – Americas, la región enfrenta una transición epidemiológica crítica: aunque la mortalidad por estos trastornos ha disminuido desde 1990, la carga se está desplazando hacia la discapacidad crónica, exigiendo una reconfiguración urgente de los sistemas de salud.
El estudio, liderado por investigadores de la OPS y basado en el Estudio de la Carga Mundial de Enfermedad 2023, revela que en 2023 estas patologías causaron aproximadamente 1.1 millones de fallecimientos y fueron responsables de 37.5 millones de años de vida ajustados por discapacidad. En conjunto, representan el 12 % de la carga total de enfermedades no transmisibles y lesiones en la región.
“Hoy más personas sobreviven a los trastornos neurológicos, pero también viven más tiempo con sus consecuencias. Esto exige que los sistemas de salud se adapten para ofrecer más rehabilitación, cuidados de largo plazo y apoyo a las personas que viven con discapacidad”, señaló Ramón Martínez, especialista en métricas de salud de la OPS y autor principal del trabajo.
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Migraña, Alzheimer y autismo marcan el perfil regional
La investigación, que analizó 19 trastornos en 38 países y territorios entre 1990 y 2023, destaca que la migraña y la cefalea tensional concentran el mayor número de casos, impactando severamente la calidad de vida y la productividad laboral. Sin embargo, en términos de pérdida de salud medida en años de vida ajustados por discapacidad, la enfermedad de Alzheimer y otras demencias, junto con los accidentes cerebrovasculares (ACV), lideran la carga.
El impacto varía según la etapa vital: en menores de cinco años predominan los defectos del tubo neural, los trastornos del espectro autista y la epilepsia; en jóvenes y adultos jóvenes, la migraña es una causa principal de discapacidad; y en adultos mayores, el Alzheimer y los accidentes cerebrovasculares concentran la mayor presión sobre los sistemas sanitarios.
Factores de riesgo prevenibles y desigualdades estructurales
Los expertos subrayan que una proporción significativa de esta carga es prevenible. La hipertensión arterial se identifica como el principal factor de riesgo para los distintos tipos de accidentes vasculares, mientras que los niveles elevados de glucosa impulsan la carga asociada al Alzheimer y otras demencias. Factores ambientales como la contaminación del aire y la exposición al plomo también agravan la situación.
No obstante, la carga no se distribuye equitativamente. El estudio encuentra diferencias de casi cuatro veces entre los países con mayor y menor impacto. Las tasas más altas se registran en Haití, Guyana, Surinam, San Cristóbal y Nieves, República Dominicana y Paraguay, mientras que las más bajas corresponden a Puerto Rico y varias naciones sudamericanas.
Estas disparidades reflejan brechas estructurales en la exposición a riesgos y, sobre todo, en el acceso a servicios de diagnóstico, tratamiento y rehabilitación. La escasez crónica de especialistas, junto con la limitada disponibilidad de medicamentos y tecnologías esenciales, sigue dejando a millones sin la atención que requieren.
Con una población que envejece rápidamente en las Américas, los investigadores advierten que invertir en prevención y fortalecer las redes de apoyo no es solo una cuestión de salud pública, sino un imperativo para garantizar la calidad de vida de cientos de millones de personas en las próximas décadas.
