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La biomedicina busca en las sustancias tóxicas fabricadas por animales el remedio contra decenas de enfermedades; para citar un típico ejemplo debemos hablar del veneno de las serpientes.

Han sido consideradas por la tradición popular como animales malignos, astutos y traicioneros por excelencia. Pero más allá del miedo hacia ellas existe una gran admiración; pues se le consideraba como un ser poderoso, e incluso hoy; se veneran. Su verdadera naturaleza se ha distorsionado, deformado y disfrazado por la superstición.

El veneno y su historia

A través de la historia de la humanidad a las serpientes se le han atribuido poderes mágicos, pagando un precio muy alto por dicha condición; porque según el vulgo; dicen que no hay dolor que un bálsamo de serpiente no cure.

Además de estar asociadas a las ciencias del conocimiento del bien; del mal y a la salud. Sus fluidos corporales se consideran fuente inagotable de remedios para la medicina tradicional en toda clase de enfermedades y de afecciones patológicas.

Las propiedades medicinales atribuidas a varias partes u órganos de las serpientes; no tiene un fundamento racional; y sus supuestas virtudes curativas se basan principalmente en legendarias supersticiones.

Algunos autores creen que el uso del animal o de sus órganos tuvo su origen en el totemismo; creencia en virtud de la cual una tribu se considera descendiente de un animal escogido y atribuye a él la continuidad de su existencia. Se ha hallado que casi todos los remedios utilizados tenían su origen en la magia y la religión.[1]

En las últimas décadas

Desde diferentes áreas de la salud se han dedicado a estudiar los venenos de serpientes para identificar vías o moléculas que puedan comportarse como agentes neutralizantes de la toxicidad y de los diversos efectos que causan los accidentes ofídicos. En Colombia; el accidente ofídico no era un evento de notificación obligatoria hasta octubre de 2004, a partir de la cual se estableció como evento de interés en salud pública.

Otro; ha sido para comprender procesos fisiológicos relacionados a los envenenamientos, tanto a nivel celular y molecular; como por ejemplo; El Captopril fue un fármaco sintetizado a partir del veneno de serpiente como enzima convertidora de Angiotensina (ECA); aprobados para el tratamiento de la presión arterial elevada; a pesar de que se prescriben también para algunos tipos de insuficiencia cardíaca congestiva y enfermedades cardiovasculares y renales.

Otra aplicación medicinal se destaca con la enzima hemocoagulasa derivada del veneno y usada como fármaco anti hemorrágico.

Algunos venenos en dosis muy pequeñas tienen una potente actividad analgésica similar a la morfina que pueden reducir el dolor intratable asociado con el cáncer.

Además de poder hallar fármacos basados en estructuras de toxinas; tales como usar moléculas del potente veneno de la víbora de Russell; que ha demostrado ser capaz de romper la proteína beta-amiloide, que producen la enfermedad del Alzhéimer; en fragmentos no dañinos; por eso la industria farmacéutica pretende encontrar un medicamento que ponga a funcionar estas enzimas cuando aparecen los primeros indicios de la enfermedad.

También es empleado en la producción de una amplia gama de cremas y productos cosméticos a los que se les atribuye efectos rejuvenecedores, antidepresivos, cicatrizantes, entre otros.  Se ha hipotetizado que estos productos y sus derivados pueden tener un efecto parecido al atribuido a la toxina botulínica. No hay estudios científicos que avalen la eficacia de estos.

 

 

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