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Desde el inicio de la pandemia se ha presentado un interesante debate en la comunidad científica, respecto a la eficiencia de la vitamina D3 para tratar a los pacientes con COVID-19. Esto debido a que algunos estudios han demostrado que la suplementación con vitamina D3 puede disminuir el riesgo de infecciones en el aparato respiratorio, sin embargo su eficiencia contra el SARS-Cov-2 aún no ha sido demostrada.

Debemos recordar, que la principal función del colecalciferol, también llamada vitamina D3, en el organismo es aumentar la absorción de calcio a nivel intestinal y renal; así como regular la homeostasis del calcio en conjugación con la calcitonina y la paratohormona. También juega un papel importante en otros procesos metabólicos como la producción de renina, la secreción de insulina, la síntesis de catelicidinas y como regulador de la respuesta inmunitaria innata y adaptativa.

Por lo tanto, su deficiencia grave genera raquitismo en los niños, e hipocalcemia, osteomalacia y osteoporosis en adultos. Por otra parte, se cree que los niveles subclínicos de vitamina D son un factor predisponente para ciertas enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión arterial, esclerosis múltiple y cáncer. No existe ninguna duda, respecto a la importancia que tiene la vitamina D3 en el metabolismo; sin embargo, investigadores de la Universidad israelí de Bar Ilán, han propuesto que los bajos niveles de vitamina D3 en el organismo, son un factor de riesgo en la hospitalización de los pacientes con COVID-19.

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En el estudio de Bar Ilán, se incluyeron 7807 pacientes, de los cuales 782 resultaron positivos para COVID-19; a los que se les examinó los niveles de colecalciferol en sangre. Los resultados obtenidos arrojan que el nivel promedio de vitamina D en las personas con resultados negativos fue adecuado, mientras que la media de los pacientes positivos fue menor a 20 mg/ml por lo que se consideró inadecuado.

Sin embargo, los resultados no son definitivos y los investigadores han señalado, que no se cree que la vitamina D interfiera o protejan del contagio por SARS-COV-2. Su importancia radica, en el importante papel que juega en la regulación de la respuesta inmune.

Otras investigaciones en Europa, han respaldado esta hipótesis, pues ha encontrado que en países con mayores tasas de mortalidad por COVID-19, como es el caso de España e Italia, existe un gran déficit de vitamina D en los pacientes con COVID-19 probablemente por tener latitudes más bajas; en comparación con Noruega, Finlandia y Suecia en donde los niveles plasmáticos de vitamina D en la población son más altos.

Dada la polémica generada por este tema, la OMS se ha pronunciado para desmentir que la vitamina D es capaz de curar el COVID-19, ya que no existe ninguna evidencia científica que apoye el uso de vitaminas y minerales como tratamiento efectivo contra la enfermedad. Sin embargo, recomiendan mantener valores óptimos de vitamina D3 en sangre, para el correcto funcionamiento del sistema inmune.

También hay que tomar en cuenta, que el exceso de vitamina D tiene efectos perjudiciales para la salud, pues conlleva a un aumento de los niveles de calcio en sangre lo que puede generar problemas a nivel renal si se mantiene por largos períodos de tiempo.

 

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