El Síndrome de Burnout se ha consolidado como uno de los problemas de salud más cotidianos del mundo moderno. Su impacto va más allá de provocar cansancio porque en realidad también tiene otro tipo de consecuencias. Dentro de la lista se encuentra la resistencia a la insulina y la obesidad porque ambas están directamente relacionadas con los niveles de estrés.
En el mundo corporativo y profesional se ha normalizado vivir agotados. Pero esa factura no sólo se paga con cansancio mental sino también con cambios metabólicos reales. Por eso es importante hablar acerca de la conexión química entre el estrés, la insulina y el peso.
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Pero antes, ¿qué es el Síndrome de Burnout?
El Síndrome de Burnout o “síndrome del trabajador quemado” no es sólo cansancio por una mala semana. Es un padecimiento que se caracteriza por generar un estado de agotamiento físico, emocional y mental profundo causado por un estrés crónico en el ámbito laboral que no ha sido gestionado con éxito.
Desde el 2019 la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo reconoció oficialmente como un fenómeno ocupacional. Además menciona que no es una enfermedad médica per se, sino un factor que influye en el estado de salud.
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¿El Síndrome de Burnout puede provocar resistencia a la insulina?
El Dr. Bernardo Diaz Culebro, Head de Medicina de Clivi, explica que el impacto del burnout en el cuerpo va mucho más allá de lo mental. También desencadena una serie de cambios hormonales que alteran de manera importante el metabolismo. La clave reside en cómo el cuerpo responde al estrés prolongado, mediado principalmente por el cortisol.
Para entender por qué el estrés hace subir de peso a las personas y por qué es tan difícil bajar, el Dr. Díaz Culebro desglosa este mecanismo en tres fases críticas.
La trampa del cortisol
En un estado de burnout, el cuerpo interpreta el agotamiento como una amenaza constante. Esto activa el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, liberando niveles elevados de cortisol de forma sostenida.
- El cortisol estimula al hígado para producir más glucosa. El cuerpo interpreta esto como: “necesitamos energía inmediata para luchar o huir”.
- Para asegurar que esa glucosa esté disponible para el cerebro y los músculos, el cortisol altera la producción y sensibilidad a la insulina, impidiendo que las células absorban ese azúcar correctamente.
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El ciclo de la resistencia a la insulina
Cuando el burnout se vuelve crónico, ese estrés que dura meses, el páncreas intenta compensar los niveles altos de azúcar secretando más y más insulina; sin embargo, debido al bloqueo del cortisol:
- Las células desarrollan una menor respuesta, es decir, la resistencia a la insulina.
- Al no poder entrar en las células para convertirse en energía, ese exceso de
glucosa se almacena directamente como grasa.
La “panza de estrés” y el hambre emocional
El Head de Medicina de Clivi advierte que el impacto en el peso tiene una firma muy particular cuando se debe al estrés:
- El cortisol tiene una “afinidad” especial por los receptores de grasa en el área abdominal. Por eso, el Síndrome de Burnout suele causar un aumento de perímetro de cintura, incluso si mantienes estable tu consumo de calorías.
- La elevación del cortisol altera la leptina (la señal de saciedad) y aumenta el deseo de azúcares y grasas. El cerebro busca una recompensa rápida para aliviar el malestar emocional.
- El cortisol es catabólico; en exceso, degrada el tejido muscular para obtener energía, lo que disminuye tu metabolismo basal. Es decir, quemas menos calorías en reposo.
“Antes de inscribirte al gimnasio de moda, revisa tus niveles de cortisol, insulina y glucosa. En Clivi, el diagnóstico es el primer paso para saber si tu sobrepeso es por calorías o por hormonas. La privación de sueño eleva el cortisol automáticamente. Priorizar 7-8 horas de descanso real es la herramienta más potente para resetear la sensibilidad a la insulina”, menciona el Dr. Díaz Culebro.
Como consejo adicional, el experto menciona que aunado a esto se deben reducir los estimulantes (exceso de cafeína) y el azúcar refinada. Optar por una dieta rica en proteína, fibra y grasas saludables que den saciedad al cerebro sin elevar la glucosa. Si el origen es el Síndrome de Burnout, el tratamiento debe incluir herramientas para manejar el estrés.
