La música es uno de esos elementos únicos y característicos de los seres humanos. Su relación con la salud física y mental es extensa. Para algunos pacientes, permite un alivio emocional y psicológico difícil de replicar. A otros les permite conservar su capacidad motriz. Pero a las personas que ya han llegado a la vejez, podría servirles como un factor de protección.

Así lo asegura un estudio liderado por la Universidad de Granada y publicado en PLOS One. De acuerdo con el autor Rafael Román-Caballero, la música es un factor de protección en la vejez. Específicamente, reduce el impacto del envejecimiento cerebral. Asimismo, retrasa el deterioro de los procesos cognitivos asociado a las edades avanzadas. Estos beneficios pueden obtenerse de cualquier práctica musical. Es decir, ya sea al tocar un instrumento o al aprender a cantar.

Música, una aliada para la vejez digna

Román-Caballero apunta en el estudio que el deterioro cognitivo es multifactorial. Señala que los hábitos y el estilo de vida de cada persona puede determinar las condiciones de su vejez. Entre estos elementos moldeadores se encuentra la música. Apunta que cualquier práctica relacionada con este arte requiere de procesos mentales, sensoriales y motrices complejos.

Para sus hallazgos, se utilizaron dos grupos de estudio. En el primero, se concentraron músicos de toda la vida que ya habían alcanzado la vejez. En el segundo, se reunió a pacientes mayores sin previa experiencia en esta arte y se les dio un taller de entrenamiento. Ambos presentaron una mayor protección frente al deterioro cognitivo, comparado a la población promedio.

Sí se observó una diferencia en el nivel de protección cognitiva entre ambos grupos. En particular, que los pacientes músicos presentaron mayores beneficios que quienes recién aprendieron. Sin embargo, se probó innegable el efecto de este arte en la transición a la vejez. Román-Caballero señaló que también se registró una mejor memoria y capacidad de control en estos grupos.

El experto apunta que la música no es la única actividad cognitiva que protege del deterioro. Sin embargo, reafirma que es una de las más eficaces. Apunta que permite a los pacientes una mayor velocidad de procesamiento de la información durante la vejez. Asimismo, hace que la persona sea más eficiente el percibir y responder a los estímulos del medio.