Las alergias ambientales en la infancia son cada vez más frecuentes y pueden afectar la calidad de vida, el rendimiento escolar y el descanso. En México, la diversidad climática influye directamente en los desencadenantes alérgicos, por lo que es importante adaptar las medidas de prevención según la región donde se vive.
Algunos factores que propician las alergias ambientales
En zonas áridas y semiáridas, como el norte del país, el polvo y los cambios bruscos de temperatura son factores comunes. El viento puede levantar partículas que irritan las vías respiratorias y agravan la rinitis alérgica o el asma. En estos casos, se recomienda mantener puertas y ventanas cerradas en días ventosos, usar purificadores de aire si es posible y limpiar con paños húmedos para evitar que el polvo se disperse. También es útil que los niños se laven las manos y la cara al regresar de la escuela o de jugar al aire libre.
En regiones tropicales y costeras, donde el clima es cálido y húmedo, los ácaros del polvo y el moho son los principales desencadenantes. La humedad favorece su proliferación en colchones, almohadas y peluches. Para reducir su presencia, es importante ventilar los espacios diariamente, utilizar fundas antiácaros, lavar la ropa de cama con agua caliente y evitar alfombras o cortinas gruesas que acumulen polvo. Controlar la humedad con deshumidificadores puede ser de gran ayuda.
Se debe contar con un diagnóstico médico adecuado
En zonas templadas y de alta altitud, como el centro del país, el polen suele ser el principal problema, especialmente en primavera. Los niveles de polinización pueden variar según la vegetación local. Durante temporadas de alta concentración de polen, se recomienda limitar las actividades al aire libre en las primeras horas del día, mantener las ventanas cerradas y cambiar de ropa al regresar a casa para evitar que el polen se acumule en interiores.
Independientemente de la región, es fundamental contar con un diagnóstico médico adecuado. Un especialista puede identificar los alérgenos específicos y recomendar tratamiento, que puede incluir antihistamínicos, inhaladores o inmunoterapia. También es importante enseñar a los niños a reconocer sus síntomas y comunicar cualquier molestia.
Apoyar a un niño con alergias ambientales implica crear un entorno más seguro sin limitar por completo su vida cotidiana. Con información, prevención y seguimiento médico, es posible reducir los síntomas y mejorar significativamente su bienestar.
