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La enfermedad del COVID-19 ha mostrado una animadversión especial para las personas mayores, considerándose que los pacientes mayores de 65 años tienen un riesgo especialmente alto de hospitalización y muerte, y los de 18 años o menos experimentan una apariencia de ruptura epidemiológica. Aunque una pequeña parte de los adolescentes ha sufrido casos graves, la mayoría de los que contraen la enfermedad en ese grupo de edad tienen más probabilidades de experimentar síntomas más leves o ninguno en absoluto.

Pero si el COVID-19 está perdonando el cuerpo de la mayoría de los niños, no es tan amable con sus mentes. Nadie es inmune al estrés que conlleva una pandemia y la cuarentena relacionada. Los niños, sin embargo, pueden correr un riesgo particular. Al vivir en un universo que ya está fuera de su control, los niños pueden afectarse especialmente, al ver afectados los factores que determinan  las verdades con las que dan orden a su mundo, los rituales en sus vidas y el mismo día a día en cuarentena. Por ello es indispensable seguir algunas recomendaciones para poder mantener tu salud mental y psicológica. Estos consejos son valiosos para cualquier persona que sea padre o cuidador de niños en este momento.

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  • Comprenda que las reacciones a la pandemia pueden variar: las respuestas de los niños a los eventos estresantes son únicas y variadas. Algunos niños pueden estar irritables o pegajosos, y algunos pueden retroceder, exigir atención adicional o tener dificultades para cuidarse, dormir y comer. Los comportamientos nuevos y desafiantes son respuestas naturales, y los adultos pueden ayudar mostrando empatía y paciencia y estableciendo límites con calma cuando sea necesario.
  • Asegurar la presencia de un cuidador receptivo y sensible: el factor principal en la recuperación de un evento traumático es la presencia de un adulto comprensivo y comprensivo en la vida de un niño. Incluso cuando uno de los padres no está disponible, los niños pueden beneficiarse enormemente de la atención brindada por otros adultos.
  • El distanciamiento social no debe significar aislamiento social. Los niños, especialmente los niños pequeños, necesitan tiempo de calidad con sus cuidadores y otras personas importantes en sus vidas. La conexión social mejora las posibilidades de que los niños muestran resiliencia ante la adversidad.
  • Brinde información apropiada para su edad: los niños tienden a confiar en su imaginación cuando carecen de la información adecuada. Las decisiones de los adultos de retener información suelen ser más estresantes para los niños que decir la verdad de manera apropiada para su edad.
  • Cree un entorno físico y emocional seguro mediante la práctica de la tranquilidad, las rutinas y la regulación. Primero, los adultos deben tranquilizar a los niños sobre su seguridad y la seguridad de sus seres queridos, y decirles que es el trabajo de los adultos garantizar su seguridad. En segundo lugar, los adultos deben mantener rutinas para brindarles a los niños una sensación de seguridad y previsibilidad (por ejemplo, horarios regulares para dormir y comer, horarios diarios para aprender y jugar). Y tercero, los adultos deben apoyar el desarrollo de la regulación en los niños. Para ayudarlos a manejar estas reacciones, es importante validar sus sentimientos.

Enfatice las fortalezas, la esperanza y la positividad: los niños deben sentirse seguros, seguros y positivos acerca de su presente y futuro. Los adultos pueden ayudar enfocando la atención de los niños en historias sobre cómo las personas se unen, encuentran soluciones creativas a problemas difíciles y superan la adversidad durante la epidemia. Hablar de estas historias puede ser sanador y tranquilizador tanto para niños como para adultos.  

 

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