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Desde hace algunos años se viene tratando el tema de la doble carga de trabajo que asumen la mayor parte de las mujeres a nivel mundial. Nos referimos, al trabajo doméstico que, en la mayoría de los hogares, recae sobre las mujeres, además del peso que imponen los empleos remunerados fuera del hogar.

Y es que, en la mayoría de los países latinoamericanos, las mujeres no sólo deben trabajar para llevar el sustento a sus hogares. Además, deben hacerse cargo de la crianza de los hijos y demás labores domésticas, en las que, por lo general, los hombres tienen muy poca intervención.

Esta situación se ha agudizado en el último año en el contexto de la pandemia, que ha forzado al confinamiento de la mayor parte de la población mundial. El impacto de la crisis económica generada por la COVID-19, ha afectado de manera diferente a hombres y a mujeres, según el último informe del Programa de las Naciones Unidas para el desarrollo (PNUD), en materia de trabajo y equidad de género.

En este sentido, el PNUD considera que el trabajo de las mujeres tiene una menor valoración en la sociedad, por lo que muchas han sido despedidas de empleos formales o tienen salarios más bajos de los que gozan hombres que desempeñan funciones similares.

A lo que se suma, el aumento desproporcionado de la carga de trabajo doméstico que limita aún más la disponibilidad de tiempo para desarrollar actividades productivas. Esto, sin tomar en cuenta la violencia física, sexual o psicológica, que sufren muchas víctimas que se encuentran encerradas con sus maltratadores, debido a las medidas de aislamiento.

En un informe reciente de la Organización de Estados Americanos (OEA), se evalúa a fondo esta situación y se expresa gran preocupación por el estado de vulnerabilidad en el que se encuentran actualmente las mujeres de la región, desde múltiples puntos de vista.

Históricamente, las mujeres latinoamericanas presentan mayores índices de desempleo, menor representación en sectores de alta productividad, menor participación en empleos formales que los hombres y una importante tasa de dependencia económica; lo cual se agudizará en el escenario de crisis actual por el SARS-CoV-2.

Algunas investigaciones han señalado, que puede existir una relación entre la doble carga y el mayor uso de servicios sanitarios, por parte de las mujeres. La carga adicional de trabajo reproductivo significa balancear el cuidado de niños y otras personas dependientes, la enseñanza y las rutinas de limpieza, con la atención del empleo remunerado; lo que puede provocar o exacerbar, problemas de salud física y mental en las mujeres.Por ello, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha solicitado a los gobiernos latinoamericanos tomar medidas para que el trabajo doméstico sea reconocido como un trabajo formal y por ende, pagado. Permitiendo así, que las amas de casa puedan inscribirse en seguros públicos de salud y acceder a los sistemas nacionales de pensiones, además de contar con un ingreso económico propio.  

 

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