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De la medicina defensiva a la medicina asertiva. La relación médico-paciente debe ser una relación fundamentada en una “amistad” en la que se dé, de manera recíproca, confianza y respeto.

Sin embargo, a partir de la revolución industrial, la medicina cambió y se convirtió en un servicio que busca recuperar el bien más preciado del paciente, la salud. Y el médico encuentra una remuneración como contraprestación del servicio prestado, olvidando el humanismo que está implícito en su profesión: la capacidad de dar, la empatía, la beneficencia y la capacidad de colocarse en el lugar del paciente y comprender sus necesidades.

Buscando regresar sobre el tiempo y dar a la profesión ese humanismo, diferentes organizaciones del mundo publicaron la “Carta del profesionalismo médico en el nuevo milenio”, en la que se enuncian como principios fundamentales: el bienestar, la autonomía y la justicia social para el paciente. Además de 10 compromisos profesionales, entre los que se pueden destacar: el compromiso por mejorar la calidad en la atención, la honestidad, la competencia, la justa distribución de los recursos y mantener una buena relación con el paciente.[1]

Para los médicos los cambios se atribuyen al manejo dado en la contención de gastos del gobierno al sistema de salud y a cambios en la ideología, la cultura y la economía actual, factores externos que afectan de forma directa la relación médico-paciente, debido a la presión que ejercen las demandas realizadas por pacientes insatisfechos con el servicio; las exigencias de los terceros pagadores y otros, que afectan el rol del médico, haciéndolos más cuidadosos de sus actos.

El cambio en la actitud del paciente y de su entorno socio-cultural afecta tanto al médico como al paciente, ya que estos últimos están más educados e informados, lo que los hace más autónomos y críticos ante los conceptos del profesional de la salud. Exigiendo que la prestación del servicio culmine en la recuperación de su salud.

Todo lo anterior ha generado un efecto nocivo en la relación médico-paciente, ocasionando que la medicina se convierta en un acto de medicina defensiva.  Y para revertir esta situación en nuestro país debe iniciarse un recorrido que permita recuperar la confianza, el respeto y la credibilidad, no sólo en los profesionales de la salud, sino en las instituciones gubernamentales encargadas de promover y administrar la salud tanto pública como privada.

Los médicos deben interesarse en saber cuáles son sus derechos, sólo así podrán exigir que se les respeten. Logrando este cometido, generarán confianza en sí mismos, y en el paciente, reforzando en el paciente enfermo, la certeza de que será curado de sus dolencias. El médico debe realizar cuatro acciones, encaminadas al cambio:

  • Actualizarse continuamente, y así, tener los conocimientos suficientes, para que su actuar sea seguro, controlado, eficiente y efectivo.
  • Exigir que sus derechos como médico sean respetados.
  • Respetar los derechos de los pacientes.
  • Establecer una adecuada comunicación con los pacientes y sus familiares.

De esta forma, en lugar de “medicina defensiva” se comenzará a practicar la “medicina asertiva”. La seguridad, el respeto y la buena comunicación, fortalecen la confianza del paciente y facilitan la buena relación médico-paciente.  Además, el médico no tendrá que actuar a la defensiva, sino ocupado siempre en lograr el máximo beneficio posible para el paciente.

[1] https://www.imbiomed.com.mx/articulo.php?id=46446  

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