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Los casos del ejercicio de una mala práctica médica surgen en el momento en que un paciente es perjudicado o considera que lo fue. Sin embargo, el derecho a equivocarse es, también, una responsabilidad que debe asumir el individuo. El error y la mala práctica, son dos cosas totalmente diferentes, ya que la persona que práctica la medicina es un profesional con experiencia.

El ejercicio de la medicina lleva consigo una enorme responsabilidad relacionada con las características mismas de la práctica, por ello, todo procedimiento diagnóstico, terapéutico o quirúrgico, conlleva un riesgo para el paciente. Riesgo que debe ser asumido por el médico y soportado por el paciente, que obviamente tienen implicaciones legales, dado que el afectado, si se siente perjudicado, puede recurrir a la justicia.

En nuestro país, la responsabilidad médica está dada por el cumplimiento de la práctica médica; lo que quiere decir que el médico no está obligado a garantizar la salud del enfermo, sino a brindarle un servicio competente y profesional.

La negligencia es el incumplimiento de los principios básicos esenciales de la profesión médica. En lo que respecta a la mala práctica médica, está definida como la negligencia, impericia o indolencia profesional, con la que el médico produce un resultado no esperado, que no anticipa. La omisión de precauciones, que debieron tomarse y que son exigibles, son las que constituyen una sanción a título de delito.

En definitiva, la relación médico-paciente está reglamentada por un acuerdo expreso de voluntades, mediante el cual el médico está obligado a prestar todo su conocimiento, destreza y juicio clínico, en procura de un bien para el paciente.

Aunque la medicina es una profesión admirada y respetada por la sociedad, también es a la que más se exige que corresponda con la confianza y actúe con ética y moral, cumpliendo con los lineamientos que le exigen conocimiento, pericia y cuidado.

La práctica de la medicina, debe estar centrada en el paciente, al mismo tiempo que está vinculada con los derechos humanos para comprender aspectos de los derechos del paciente que incluyen la confidencialidad, el consentimiento informado, el trato a menores e incompetentes, el derecho a rehusarse a recibir tratamiento, entre otros.

La “responsabilidad” generada por el incumplimiento, obliga a rendir cuentas por los propios actos. La responsabilidad profesional médica obliga a todo profesional de la medicina a satisfacer y reparar las consecuencias de sus actos, errores u omisiones, sean o no voluntarios y que se cometan en el ejercicio de su profesión.

El derecho a la salud es confundido, generalmente, con el derecho a la curación, ya que el paciente cree que todo tratamiento que recibe debe involucrar un resultado positivo y hace responsable de ello al médico tratante. Por ello, la importancia de que se fomente una buena relación con el paciente y la importancia del consentimiento informado debidamente diligenciado, como herramientas para evitar demandas injustificadas.  

 

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