Dentro de cualquier industria y profesión, el estrés es muy común. Incluso ya es un mal que se espera como parte regular del desempeño. Por eso, en tantas plazas y puestos de trabajo, se requiere una alta tolerancia a él. Sin embargo, muchos pacientes no saben cómo identificarlo. Peor aún, no saben cuánto daño realmente están haciendo a su cuerpo:

1Reduce la capacidad de respuesta del sistema inmune

Kristin Hadfield, de la Universidad de Queens Mary, apunta que las personas con estrés son más vulnerables. En entrevista con BBC Mundo, señala que suelen contraer gripe y resfriado común con mayor facilidad. Sin embargo, estos pacientes tienen una menor protección contra cualquier patógeno. Incluso se incrementa el tiempo que se tarda en recuperar el cuerpo de una herida.

2El estrés reduce el desempeño sexual

Una gran tensión mental reduce el apetito y el deseo de las parejas. El American Institute of Stress incluso afirma que, si se mantiene por periodos prolongados, altera los niveles hormonales. En hombres, lo anterior puede significar infecciones en próstata o testículos. También, reduce la producción de esperma. En mujeres, se experimentan ciclos menstruales irregulares o dolorosos.

3Afecta al sistema digestivo

También el estrés puede perturbar cómo se procesan los alimentos. Entre sus consecuencias más comunes se cuentan la acidez estomacal, reflujo, hinchazón y estreñimiento. Además, puede aumentar el flujo de glucosa en la sangre. Si se tiene una condición crónica, estos niveles de azúcar incrementan el riesgo de padecer diabetes.

4Impide trabajar al corazón y sistema respiratorio

Al combinarse con condiciones cardiovasculares existentes, el estrés tiende a exacerbar sus efectos. También obliga al corazón a bombear más rápido. Este mayor flujo se desvía a los músculos, porque las hormonas fuerzan a los vasos sanguíneos a cerrarse. Entonces, se puede experimentar una mayor presión arterial. Asimismo, incrementa el riesgo de infarto o derrame.

5Contrae y debilita a los músculos

El estrés provoca tensión innecesaria en estos órganos. Este estado constante de fuerza provoca, en el mediano plazo, algunas afectaciones. Por ejemplo, dolores de cabeza, espalda, hombros y dolores corporales. Cuando se tiene una afectación crónica, los efectos pueden deteriorar permanentemente. A largo plazo, lo anterior puede significar extremidades débiles.