En Europa, las directrices de tiempo de trabajo limitan el trabajo de los médicos residentes a 48 horas por semana; en España, en el Real Decreto 1146/2006 se establece una jornada máxima de 37.5 horas por semana; en Japón, la jornada máxima es de 40 horas. En México, la norma oficial actual permite más de 80 horas de trabajo a la semana. Es falso que los médicos residentes tengan que pasar más de 80 horas a la semana encerrados en sus hospitales para ser buenos especialistas, ese mito ya se derribó hace más de 10 años en muchos países desarrollados. En la discusión de la formación médica, parece que existen preguntas más importantes: ¿Qué hacen los residentes mientras están en el hospital? y ¿Cuál es el clima laboral dentro de las residencias médicas?

Un ejemplo de esto es el caso de Christopher Duntsch, conocido en Estados Unidos como “doctor muerte”. El doctor Duntsch es un neurocirujano que actualmente está cumpliendo cadena perpetua en Estados Unidos; se le encontró culpable de matar a dos pacientes y dejar a más de 30 con lesiones graves derivadas de malas cirugías. Su caso dejó al descubierto muchos problemas en el proceso de certificación de los médicos en Estados Unidos; algo interesante para el tema de formación de los médicos, es que, el doctor Duntsch a pesar de haber concluido su residencia en neurocirugía y después estudiar un fellow en columna parece que jamás adquirió las competencias necesarias. Cuando se investigó su caso, se dieron cuenta de que, durante su entrenamiento había participado en muy pocas cirugías, lo que -entre otras cosas- lo llevó a que fuera un pésimo cirujano. A pesar de que concluyó con todas las horas necesarias para ser un neurocirujano, la mayor parte de su residencia se la pasó realizando otras actividades como protocolos de investigación, en lugar de operar. Con este caso queda claro que un residente no es competente sólo por estar todo el día en el hospital; es necesario preguntarnos ¿Qué están haciendo los residentes todas esas horas que pasan en el hospital?

En México, la respuesta es sencilla: van por la cena, fungen como camilleros, hacen trámites de admisión, tienen que entregar guardia cuatro o cinco veces al día, tienen que pasar todos los laboratorios a mano, hacer notas en máquinas de escribir prehistóricas y miles de actividades que poco tienen que ver con su formación y más con cubrir carencias y deficiencias de sus hospitales.

Cuando hablamos sobre las horas que pasan los residentes dentro de su hospital nos es útil mirar la evidencia que se ha generado en otros países; lo cual, me parece correcto, pero siempre que tengamos cuidado de no querer traspasar automáticamente los resultados obtenidos en otros países al nuestro. Antes, tenemos que tomar en cuenta que pasar 24 horas en el un hospital en Boston, no es lo mismo que pasar 24 horas en un hospital en México. En algunos estudios dan por sentado que los médicos tienen un espacio para dormir, con camas suficientes y limpias, con acceso a comedor las 24 horas, o por lo menos, durante gran parte de su jornada; que mientras están en cirugía tienen la certeza de que nadie les va a robar su ropa o sus pertenencias, etc. En nuestro país no es raro ver residentes dormir en el suelo, sin acceso a comedor, incluso algunos que son asesinados afuera de sus hospitales o victimas de robo incluso dentro del hospital. Por lo que debemos de ser cautos cuando interpretamos la evidencia científica, ya que las condiciones de los hospitales no son las mismas.

Yo he escuchado de algunos hospitales que le retrasan el pago a sus residentes incluso por seis meses. Imagínese: ¡seis meses sin paga, sin comedor y pasando 24 horas en el hospital! Evidentemente no son las mismas condiciones y, por lo tanto, los resultados de los estudios no se pueden aplicar a nuestro país.

Por último, quiero mencionar que en nuestro país se justifica la explotación del médico residente con el argumento de que dejarlos de explorar requeriría gastar mucho dinero en contratar más residentes y personal. Esto me recuerda a un capítulo del libro “El Capital” de Karl Marx que se titula “ramos industriales ingleses sin limitación legal a la explotación”, en el cual narra -entre otras cosas-, como algunas industrias inglesas justificaban la explotación de los niños desde los 9 y 10 años en las fábricas con jornadas de doce horas; uno de las “explicaciones” de los industriales, era que sin la explotación de estos niños, las empresas tendrían que cerrar y la miseria de los niños y sus familias serían aún más grandes que el trabajo infantil explotado. Ahora sabemos que eso era falso: se abolió el trabajo infantil en Inglaterra y las fábricas siguieron en pie e incluso crecieron.

El problema con nuestros residentes es similar; en una democracia, la explotación jamás puede ser justificada por la eficiencia del sistema o la falta de recursos; si estos existen se deben, más bien, a fallas en la administración de recursos, autoritarismo, corrupción, indolencia de las autoridades o una combinación de las anteriores.

Tenemos que terminar con la explotación de los médicos residentes y dejar de justificarla en aras de su propio bien o por el bien del sistema. También, debemos de reconocer que el problema va más allá de las horas de trabajo. Más bien, debemos de preguntarnos ¿Qué hacen los residentes durante sus jornadas laborales?

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Mauricio Sarmiento tiene un despacho jurídico en el que se ofrece asesoría a médicos o personal de salud en temas de derecho médico y responsabilidad civil. Escritor de En la Residencia Médica.