Benjamín Franklin, el papá de la publicidad.

Todos los especialistas en la moderna comunicación, coinciden en señalar a Benjamín Franklin como al padre de la publicidad tal y como ahora la conocemos. Nacido en Boston, cuando Norteamérica era una colonia inglesa, en 1706, Franklin fue el décimo quinto hijo de un total de diecisiete. Sólo tuvo los estudios básicos, pero su insaciable sed de saber lo convirtió en un erudito en muchos temas. A los doce años empezó a trabajar como impresor en una empresa de un hermano. De ahí pasó, a los 17, a Filadelfia donde halló trabajo como tipógrafo y vivió otros dos años en Inglaterra de donde regresó para trabajar por su cuenta como tipógrafo y editor.

Benjamín Franklin realizó infinidad de inventos como el pararrayos, los lentes bifocales, la silla mecedora y otros. En 1727, con apenas 21 años de edad, fue responsable de la emisión del papel moneda en las colonias británicas de ultramar. En ese mismo año fundó la Gaceta de Pensilvania, que publicó hasta 1748, diario que publicaba gran cantidad de anuncios, sobretodo de remedios que él mismo escribía y diseñaba. Su texto más famoso fue escrito para vender una estufa en el que resaltaba los beneficios derivados del uso del producto en vez de sólo las cualidades de este. En dicha Gaceta, en 1768 se publicó este
anuncio: “Por cuantas muchas personas tienen la desventura de perder los dientes anteriores por accidente y de otras maneras, con gran detrimento no sólo de su apariencia sino para hablar tanto en público como en privado: tiene esto por objeto informar a todas ellas que pueden ser sustituidos por otros artificiales, que se ven tan bien como los naturales y sirven al propósito de hablar con cualquier ánimo.

“Por PAUL REVERE, orfebre, a la entrada del Muelle del Doctor Clarkc, Boston”.

Y sí: Paul Revere fue otro gran patriota norteamericano. Porque, aparte de todos sus mil y una gracias, Benjamín Franklin, fue también quien redactó el acta de independencia de los EU. En 1732 Franklin inició la publicación del Almanaque del Pobre Richard, anuario que apareció por más de 25 años y que publicaba el santoral, horóscopos, consejos médicos y previsiones meteorológicas. El propio Franklin, para variar, ejercía como redactor, editor, publicista y director del anuario, aunque atribuía la autoría del mismo a un personaje ficticio que se volvió famosísimo: el extravagante Richard Sounders.