En México, las enfermedades transmitidas por mosquitos representan un desafío creciente para la salud pública. Entre las más preocupantes se encuentran el dengue, zika y chikungunya, todas causadas por virus que se transmiten principalmente a través de la picadura del mosquito Aedes aegypti. Factores como el cambio climático, la urbanización desordenada y la falta de control efectivo de criaderos han favorecido su propagación en los últimos años.
El dengue es la enfermedad transmitida por mosquitos más conocida
El dengue es la más extendida y conocida, con casos que cada temporada de lluvias aumentan de forma significativa. Sus síntomas incluyen fiebre alta, dolor intenso de cabeza, músculos y articulaciones, y en casos graves, puede evolucionar a dengue hemorrágico, poniendo en riesgo la vida del paciente. El zika, aunque con síntomas más leves, preocupa por su asociación con malformaciones congénitas como la microcefalia en bebés de madres infectadas durante el embarazo. Por su parte, el chikungunya provoca fiebre y un dolor articular que puede volverse crónico, afectando la calidad de vida de los pacientes.
En 2024, diversas entidades como Veracruz, Yucatán, Quintana Roo y Guerrero reportaron incrementos notables en casos, impulsados por temperaturas más cálidas, lluvias intensas y deficiencias en el control vectorial. La movilidad poblacional y el turismo también facilitan la dispersión de estos virus a nuevas zonas del país.
La prevención sigue siendo la estrategia más efectiva. Las autoridades sanitarias recomiendan eliminar criaderos de mosquitos en patios y azoteas, tapar depósitos de agua, usar repelentes, instalar mosquiteros y vestir ropa que cubra brazos y piernas. Sin embargo, estas medidas requieren constancia y coordinación comunitaria, ya que basta un pequeño acumulado de agua para que el mosquito complete su ciclo reproductivo.
Se deben fortalecer programas de vigilancia epidemiológica
A nivel institucional, es urgente fortalecer los programas de vigilancia epidemiológica, garantizar campañas sostenidas de fumigación y educar a la población sobre la identificación temprana de síntomas. Además, la inversión en investigación para vacunas y tratamientos específicos es clave para reducir el impacto de estas enfermedades.
El aumento del dengue, zika y chikungunya en México no es solo una cuestión sanitaria, sino también social y económica, ya que genera ausentismo laboral, gastos médicos y sobrecarga en hospitales. Enfrentar este reto requiere un compromiso conjunto entre autoridades, comunidades y sector científico para cortar la cadena de transmisión y proteger la salud de millones de mexicanos.