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En una investigación original publicada por Scielo de salud pública titulada “Prevalencia de depresión y factores asociados con ella en la población colombiana” describen una asociación estadísticamente significativa entre la depresión y el sexo femenino, al igual que entre aquella y la ansiedad, los intentos de suicidio y los antecedentes de problemas mentales en la familia. Otras incidencias que relacionan con la depresión son aspectos socioeconómicos, como las condiciones físicas de la vivienda, se evidenció un leve aumento de la depresión cuando la persona consideraba su espacio físico desfavorable. Otros elementos, como la poca cohesión familiar, los ingresos insuficientes, el mal estado de salud y la poca satisfacción con los logros alcanzados. Sumado a esto aparece un ligero aumento en la proporción de personas con elevado consumo de alcohol que presentaban síndrome depresivo.
 
En nuestro país, la depresión se ha constituido como un problema de salud pública que requiere mayor atención y un conocimiento más preciso de su distribución en las diferentes regiones del país. La falta de inversión en este tipo de investigaciones y el empeoramiento de las condiciones sociales y económicas desde hace varios años, hacen urgente la actualización de la información relacionada con la prevalencia del síndrome de ansiedad en la población colombiana.​[1]
 
Pero el gran fenómeno ocurre cuando estos pacientes sometidos a toda esta presión y situación social, recurren al médico. Nuestro personal médico colombiano también padece la angustia no sólo social, sino que además debe lidiar con las de la persona de la consulta. En este ambiente en general no nos han educado en una cultura de salud mental, sino que sólo nos preocupamos por la salud física-corporal. Es normal en nuestro ambiente que cualquier persona sea profesional, campesino, jóvenes, niños, mujeres, hombre no se preocupen por esto.
 
¿Qué hacen los médicos deprimidos? o más bien ¿qué hacen los médicos cuando se deprimen? ¿Simplemente van al médico? Para nuestra sorpresa la mayoría no lo hacen, o peor aún muchos médicos no hacen nada.
 
La formación cultural nos ha enseñado a “tragarnos todo” de manera que la búsqueda de ayuda no es algo propio entre los médicos. Muchos carecen de conciencia clara de que están sufriendo de depresión. Dado que la mayoría de los médicos están fatigados, agotados y disgustados, no necesariamente se ven a sí mismos como atípicos. Han normalizado su desdicha y pretenden que no sea tan mala como parece. La distracción, la evasión y la negación son tácticas difundidas entre los médicos deprimidos. ​[2]
 
Los médicos lógicamente saben qué hacer, en tal caso, frente a todo esto se recomienda estrategias de auto tratamiento.
 
Auto distracción: los médicos se distraen con seguimiento interminable, juegos en computadora, Facebook (incluidos grupos de médicos), mirando compulsivamente Series, películas o escapándose hacia novelas y misterios. Los médicos más jóvenes se van de fiesta con sus amigos.
 
Calmantes: Cocinar y comer en exceso pueden calmar transitoriamente los síntomas de depresión, tranquilizarse con alimento puede convertirse en un aumento de peso autodestructivo.
 
Autocuidado: leen libros de autoayuda, rezan, meditan, hacen yoga, cantan, bailan, escuchan música o juegan con niños y mascotas, hacen ejercicio físico. Algunos médicos mantienen una reserva de tarjetas de agradecimiento que leen cuando están deprimidos. Desconectarse por completo del trabajo es necesario y saludable.
 
En todos los casos recordarles a nuestros médicos que los necesitamos, los queremos, les agradecemos, pero también deben estar atendiendo el mejor paciente de todos; ustedes mismos.  
 
●  Material dirigido solo a profesionales de la salud.
●  Información realizada para profesionales de la salud en territorio colombiano.
● Todo lo publicado en la plataforma es una recomendación, mas no una prescripción o indicación médica.
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