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La crisis sanitaria derivada del COVID-19 ha impactado de forma tal el sistema de salud pública mundial, que los países se han visto obligados a dejar de lado la lucha contra otras pandemias, como el SIDA. En este sentido, la Organización de Naciones Unidas (ONU) ha hecho un llamado, a no descuidar los objetivos de la lucha contra el VIH-SIDA, a pesar del estado de emergencia mundial.

El Informe de 2020 de ONUSIDA con motivo del Día Mundial de la Lucha contra el SIDA, recoge datos alarmantes respecto al retroceso que implica la interrupción de los tratamientos de las personas con VIH en el contexto de la pandemia por COVID-19.

Para empezar, el informe señala que en la actualidad 40 millones de personas en todo el mundo viven con VIH/SIDA; de los cuales, 12 millones no reciben ningún tipo de tratamiento. Además, se estima que entre el 2020 y el 2022 la cifra de nuevos infectados alcanzará unas 293 mil personas, y que habrá unas 148 mil muertes relacionadas al HIV.

Pese a que, las poblaciones de mayor riesgo están en África Subsahariana, los países latinoamericanos no escapan a esta realidad. En Ecuador, desde que se diagnosticó el primer caso de HIV en 1984, se han registrado 43.887 personas con HIV, de las cuales han fallecido 11.964 por esta causa.

Según datos aportados en el año 2018 por el Ministerio de Salud Pública (MSP), la incidencia de VIH-SIDA es mayor entre hombres jóvenes homosexuales, cuyas edades oscilan entre 15 a 49 años, y en transexuales femeninos; quienes sufren doble discriminación, por su preferencia de género y por su condición de salud.

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Pero, el verdadero problema al que nos enfrentamos en la actualidad, es la suspensión de todas las citas y controles hematológicos, hasta nuevo aviso debido al estado de emergencia por COVID-19. En algunos centros de salud dependientes del MSP, se están otorgando tratamientos para un mes a pacientes inscritos en el programa.

Esto debido, a que el número de tratamientos disponibles es limitado y no se tiene una idea clara del tiempo de reposición, ya que los fondos han sido desviados para la atención de los pacientes con coronavirus. En este complejo escenario, las autoridades sanitarias deben replantear su estrategia para lograr las metas planteadas para el año 2022, enmarcadas en los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS), impulsado por la ONU.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, se ha trazado como meta el 90-90-90 para el año 2030. Lo que significa que el 90% de las personas con VIH conozcan su estado serológico, el 90% de las personas diagnosticadas reciban tratamiento antirretroviral y el 90% de los pacientes tratados logren la meta de la supresión viral.

En este sentido, para el año 2018 según datos del MSP el 76% de los pacientes estaba consciente de su estado de salud, el 79% estaba en tratamiento, pero sólo el 67% había conseguido suprimir su carga viral. Aún cuando la incidencia es una de las más bajas de la región, de solo 22 personas por cada 100 mil habitantes, es imperante la reactivación de los servicios especiales de atención para pacientes con HIV, si queremos mantener el control de las cifras de morbimortalidad.  

 

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