La actual pandemia de Covid-19 ha mostrado que nadie está exento o se puede considerar a salvo del problema. Aunque algunos grupos como los infantiles muestran un riesgo mínimo, durante los últimos meses se han incrementado los contagios en menores de edad. De igual forma, infectarse no es sinónimo de muerte porque con un tratamiento adecuado y el apoyo de los médicos es posible alcanzar la curación. En México ya son más de 400 mil los pacientes que se han contagiado y superado la enfermedad.

Ahora bien, la parte adversa es que el trabajo de atención y cuidado a pacientes Covid-19 es uno de los más complejos dentro de un hospital. Se necesita de estrictas medidas de seguridad e higiene para poder ofrecer un servicio óptimo y al mismo tiempo mantenerse protegido. Por tal motivo se requiere de manera obligatoria del uso de Equipos Personales de Protección (EPP).

En ese sentido, se deben añadir otros factores que se han presentado en países como México. El déficit de personal provoca que los especialistas existentes deban extender sus jornadas de trabajo para lograr atender a todos los pacientes. Además del cansancio también se ven obligados a no poder comer o recibir muestras de afecto como abrazos de sus seres queridos.

Marcas que permanecen en la piel de los médicos

Pero mientras los EPP son necesarios para disminuir el riesgo de contagio en personal médico, también impactan en su propia integridad física. En especial las mascarillas profesionales y los goggles son los que afectan al provocar marcas visuales en el rostro. El inconveniente es que muchas de ellas pueden llegar a ser permanentes y dolorosas.

Al respecto, la Universidad de Nanjing realizó un estudio que contó con la participación de 4 mil 308 médicos de 161 hospitales en China. El resultado se publicó en la revista digital Advances in Wound Care y muestra el riesgo al que están expuestos los profesionales de la salud por atender a los pacientes.

La conclusión que se menciona es que el 42.8 por ciento de los médicos que utilizan EPP sufren de lesiones cutáneas graves. Además se afirma que existen tres factores que interfieren en este fenómeno: la presión que ejercen los dispositivos de protección, la humedad y los desgarres cutáneos.

Pocos especialistas protegen su piel

Por su parte, se menciona que apenas el 17.7 por ciento de los participantes en el estudio usaban apósitos y lociones profilácticas para proteger su piel.

Como parte de las conclusiones se indica que los médicos no deben caer en el error de descuidarse a sí mismos para proteger a los pacientes. El mismo cuidado que se pone en otros debe ser aplicado de manera personal. Además las propias instituciones deberían ser las encargadas de proporcionar los insumos adicionales que permitan a los especialistas evitar este tipo de riesgos a los que se enfrentan a diario.