La triste historia del medicamento Felicitol: Cuando los fármacos no son suficientes…

El problema de la adicción a las drogas, como se ve en esta historia, es más complejo que solo diseñar fármacos que curen a la gente como por arte de magia

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Con el paso de los años, la industria de los medicamentos se ha vuelto omnipresente. Existen ya fármacos para solucionar prácticamente cualquier problema. Desde las enfermedades más terribles que aterran a la humanidad, hasta las inconveniencias más banales. Pero un problema que jamás podrá resolver, no con una “bala mágica”, es el de las adicciones.

La triste historia del medicamento Felicitol es definitivamente un relato de ficción. Sin embargo, abarca varios temas importantes. Primero, la confianza que la sociedad actual parece poner en los fármacos para resolver su salud. Segundo, el complejo problema que representa la lucha contra las drogas y las adicciones. Tercero, y por encima de todos, los factores económicos, sociales y políticos que permean y dan forma a la atención de la salud en sus diferentes ámbitos y niveles.

¿Qué sucedería si hubiera un medicamento que supliera a alcohol? De eso trata esta novela. Un medicamento Felicitol, que no solo sustituye la necesidad de ingerir bebidas alcohólicas, sino que es útil para contender con problemas cotidianos. ¿Será la panacea? […] Las soluciones mágicas, [sean fármacos u otra vía], para problemas tan complejos como las adicciones no existen.

Rafael Jesús Salín Pascual es el autor de este libro. No solo es un literato reconocido por sus extensas reflexiones sobre la medicina y los fármacos. También es doctor miembro del Sistema Nacional de Investigadores mexicano. Sus obras no solo exploran temas complejos del sector salud. También son una demostración de cómo la ficción puede ayudar a explicar la realidad.

A lo largo de esta obra, Salín Pascual critica múltiples prácticas. Pero en especial, la aparente resistencia social, económica y política a luchar contra las drogas. Expone que, si fueran virus y bacterias, la solución sería sencilla. Solo poner a los pacientes a consumir fármacos y adiós problema. Pero el contexto de las drogas, especialmente en México, requiere otros enfoques.

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