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La creciente masificación y el desarrollo acelerado de las nuevas tecnologías generan una preocupación por los posibles efectos nocivos que los diferentes dispositivos tecnológicos pueden ocasionarle a la salud humana. La falta de investigaciones rigurosas y la percepción del riesgo, distorsionada por la falta de información que fomentan el caos.

La contaminación electromagnética se produce por las radiaciones que generan los equipos electrónicos y otros aparatos utilizados en las diferentes actividades humanas. Es cierto que toda corriente eléctrica genera un campo electromagnético, pero, frente a las ondas que emiten celulares y aparatos portátiles, debido a los supuestos daños que causan sobre el material genético, la influencia que tiene sobre un feto en gestación o la posibilidad de desarrollar cáncer.

A pesar de los estudios que se han realizado en las diferentes disciplinas, con el fin de determinar la existencia de riesgos para la salud, cuando existe exposición a campos electromagnéticos (CEM), no se ha hallado evidencia suficiente que determine, de forma contundente, los efectos negativos relacionados directamente con los CEM, que emiten los artefactos electrónicos, según su potencia.

La principal preocupación de los usuarios de aparatos celulares y las antenas de telefonía, distribuidas a lo largo y ancho del territorio de nuestro país, es el riesgo que éstas constituyen para la salud humana. Sin embargo, no existe aún evidencia científica suficiente y concreta con la que se pueda adjudicar un riesgo de las CEM a la salud humana.

En teoría, las ondas electromagnéticas que emiten los celulares y antenas de telefonía, no son ionizantes, lo que quiere decir que no se ha comprobado que tengan efectos genotóxicos, pues no afecta las cadenas de ADN con material genético y tampoco tienen incidencia en el sistema inmune o en el sistema endocrino, en el desarrollo fetal, ni se ha encontrado una relación entre las ondas electromagnéticas y el desarrollo de ningún tipo de cáncer.

No se han detectado efectos adversos, cuando se han examinado las ondas cerebrales, las funciones intelectuales o en el comportamiento, tras exponer a las personas a campos de radiofrecuencias (RF) de los usuarios de teléfonos móviles.[1]

Sin embargo, conviene procurar algunos cuidados de manera preventiva, ya que no se dispone aún de estudios epidemiológicos con los que se puedan evaluar los efectos nocivos en el largo plazo, que se deriven de la exposición a radiofrecuencias y a CEM.

Aunque no se ha comprobado que la exposición a campos electromagnéticos de las antenas de telefonía y de redes inalámbricas tengan efectos en la salud, la Organización Mundial de la Salud, continúa fomentando investigaciones encaminadas a demostrar si la exposición pueda tener alguna repercusión sobre la salud.[2]

[1] https://www.who.int/peh-emf/publications/facts/fs304/es/

[2] https://www.who.int/peh-emf/publications/risk_hand/es/

 

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