Pacientes, los clientes más complicados del mundo

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Independientemente de la labor que desempeñemos, todos nos hemos cruzado en algún momento de la vida con clientes que son casi imposibles de tratar y que lejos de facilitar nuestro trabajo terminan por complicarlo de formas insospechadas. Si a mí como comunicólogo me frustra sobremanera trabajar con este tipo de personas, no puedo siquiera imaginar lo que experimentan los médicos al enfrentarse diariamente con decenas de pacientes que, pese a encontrarse en busca de una solución a sus dolencias, harán todo para dificultar la labor del profesional de la salud… eso sí, “sin querer queriendo”.

Está claro que a ninguna persona sobre la faz de la Tierra le provoca la más mínima emoción tener que acudir al médico (con excepción de aquellas personas que están próximas a convertirse en padres), pues el simple hecho de tener que hacerlo implica un problema de salud que, independientemente de su magnitud, nadie desea tener y que probablemente sea la razón por la que todos tendemos a boicotear nuestras visitas al médico en más de un sentido.

Generalmente el boicot comienza desde el momento mismo en que atravesamos el umbral del consultorio y comenzamos a hablar, pues muchos tendemos a ocultar algunos de nuestros síntomas (ya sea consciente o inconscientemente) por temor a que el veredicto final termine siendo mucho menos halagüeño de lo que contemplábamos inicialmente, situación que generalmente deriva no sólo en uno sino varios diagnósticos erróneos.

Pero ocultar información al médico no es la única forma en la que atentamos contra nuestra salud, pues aun cuando éste logre atinar a nuestro diagnóstico cual Dr. House, el apego al tratamiento no es algo que tengamos muy arraigado… es decir, ¿cuántos de nosotros verdaderamente hemos tomado nuestros medicamentos en tiempo y forma cada una de las veces?

Eso es en el mejor de los casos, pues conozco a varias personas (yo incluido) a quienes el tratamiento “lamentablemente” se les cruza con un viaje, una salida o simplemente con el fin de semana, situación que conlleva su respectivo consumo de alcohol y con éste la efectividad del tratamiento… si bien nos va.

Y la verdad no se trata de que no nos importe nuestra salud o que intentemos demostrar que sabemos cómo cuidar de nuestra salud mejor que el propio médico, simplemente creo que se trata  de un temor natural a escuchar malas noticias combinado con un pensamiento erróneo que nos lleva a creer que mientras no aceptemos verdaderamente las cosas no pueden afectarnos.

Sea como sea, la verdad es que los médicos se merecen un aplauso, pues diariamente atienden a los clientes más difíciles del mundo, aquellos que están dispuestos a todo con tal de cuidar su salud… menos seguir indicaciones.