El reciente brote de sarampión en México ha vuelto a poner en el centro del debate la importancia de la prevención y el control de enfermedades infecciosas que se consideraban prácticamente erradicadas. El sarampión es una enfermedad altamente contagiosa que puede tener consecuencias graves, especialmente en niños pequeños, personas no vacunadas y poblaciones vulnerables.
La vacunación es la principal herramienta para frenar el sarampión
El sarampión se transmite a través de gotículas respiratorias al toser, estornudar o hablar, y puede permanecer en el aire durante varias horas en espacios cerrados. Sus síntomas iniciales incluyen fiebre alta, tos, congestión nasal, conjuntivitis y, posteriormente, una erupción cutánea característica. Aunque muchas personas se recuperan sin complicaciones, el sarampión puede provocar neumonía, encefalitis e incluso la muerte en casos graves.
La vacunación es la principal herramienta para la prevención y el control del sarampión. En México, la vacuna triple viral (SRP), que protege contra sarampión, rubeola y paperas, forma parte del esquema nacional de vacunación. Mantener una alta cobertura de vacunación es esencial para lograr la llamada inmunidad colectiva, que protege también a quienes no pueden vacunarse por razones médicas.
Tras un brote, es fundamental reforzar las campañas de vacunación, especialmente en comunidades con baja cobertura o dificultades de acceso a los servicios de salud. La detección oportuna de casos, el seguimiento de contactos y el aislamiento de personas infectadas son medidas clave para evitar la propagación del virus.
Se trata de una responsabilidad colectiva
La información y la educación en salud juegan un papel crucial. Combatir la desinformación sobre las vacunas y promover mensajes claros y basados en evidencia ayuda a aumentar la confianza de la población en los programas de inmunización. Padres, cuidadores y adultos deben verificar sus esquemas de vacunación y acudir a los centros de salud en caso de dudas.
Además, el fortalecimiento del sistema de vigilancia epidemiológica permite detectar brotes de manera temprana y responder con rapidez. Esto incluye la capacitación del personal de salud, el reporte inmediato de casos sospechosos y la coordinación entre autoridades sanitarias a nivel local y nacional.
La prevención del sarampión no es solo una responsabilidad individual, sino también colectiva. Mantener las vacunas al día, acudir a revisiones médicas y seguir las recomendaciones sanitarias contribuye a proteger a toda la comunidad.
Tras el brote reciente en México, el control del sarampión requiere un esfuerzo conjunto que combine vacunación, vigilancia, educación y acceso equitativo a los servicios de salud. Solo así será posible evitar nuevos brotes y proteger la salud pública a largo plazo.
