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Según el DSM-V, los Trastornos del Espectro de Autismo (TEA) se engloban en una nueva categoría llamada Trastornos del Neurodesarrollo, donde también se engloban los trastornos del desarrollo intelectual, de la comunicación, motores, del aprendizaje y el déficit de atención con hiperactividad. Este cambio en la clasificación nos obliga a una modificación en la percepción de este tipo de patologías, y por lo tanto a abordarlo desde el punto de vista de cómo la persona interactúa con su entorno social.

En este sentido, el autismo se presenta como un espectro de trastornos que puede abarcar diferentes formas conductuales, es decir, presenta en sí mismo diversidad. Dada la complejidad y variabilidad de las manifestaciones clínicas, en el DSM-V se decidió eliminar el Síndrome de Asperger como categoría independiente, y se decidió excluir del espectro el Síndrome de Rett, con lo que se le otorga homogeneidad al diagnóstico.

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¿Por qué los cambios en el autismo?

Si bien los TEA no son los únicos que sufrieron modificaciones significativas, el cambio era fundamental para delimitar los nuevos criterios diagnósticos. Y es que, ahora contamos con mucha más información que antes, en parte debido a las campañas de concientización promovidas por la OMS; y también debido al interés que se ha despertado en los últimos años por parte de la comunidad científica.

En la actualidad, los criterios diagnósticos mayores son 5:

  • Déficits persistentes en la comunicación y en la interacción social.
  • Patrones repetitivos y restringidos de la conducta, actividades e intereses.
  • Los síntomas deben presentarse en la infancia temprana.
  • El conjunto de los síntomas limitan y alteran el funcionamiento diario.
  • Las alteraciones no se explican mejor por la discapacidad intelectual o por el retraso global del desarrollo, aunque por lo general sean comorbilidades.

Cada uno de estos criterios, puede manifestarse de distintas formas que también se recogen el DSM-V; y se establece que la severidad de los mismos según el grado de ayuda necesario en cada uno: necesita ayuda muy notable, necesita ayuda notable o necesita ayuda.

Adaptando paradigmas

El agrupamiento de todas estas conductas en el gran grupo TEA nos obliga a dejar de pensar en el autismo como una enfermedad, y nos impulsa más a aceptarlo como una condición de vida en el ámbito de la diversidad. Igual que las personas con movilidad reducida o aquellas con carencias auditivas y visuales, las personas con autismo deben ser integradas a la escolaridad y a la vida laboral, siempre que su capacidad intelectual esté conservada.

Debemos dejar de tipificarlos y de establecer generalizaciones sin sentido, como que todas las personas brillantes han sido autistas o que su personalidad debe encajar con modelos difundidos en la televisión. El éxito en el nivel de funcionalidad de estos individuos, dependerá del diagnóstico acertado en los primeros años de vida, y en la injerencia temprana en las habilidades de socialización, cognición y en el lenguaje.

Las reformas en el entorno educativo y social son fundamentales para la adaptación exitosa de las personas autistas, sin embargo nuestro rol más importante como profesionales es hacer la detección y diagnóstico oportuno.

¿Por qué los cambios?

Si bien los TEA no son los únicos que sufrieron modificaciones significativas, el cambio era fundamental para delimitar los nuevos criterios diagnósticos. Y es que, ahora contamos con mucha más información que antes, en parte debido a las campañas de concientización promovidas por la OMS; y también debido al interés que se ha despertado en los últimos años por parte de la comunidad científica. En la actualidad, los criterios diagnósticos mayores son 5:

  • Déficits persistentes en la comunicación y en la interacción social.
  • Patrones repetitivos y restringidos de la conducta, actividades e intereses.
  • Los síntomas deben presentarse en la infancia temprana.
  • El conjunto de los síntomas limitan y alteran el funcionamiento diario.
  • Las alteraciones no se explican mejor por la discapacidad intelectual o por el retraso global del desarrollo, aunque por lo general sean comorbilidades.

Cada uno de estos criterios, puede manifestarse de distintas formas que también se recogen el DSM-V; y se establece que la severidad de los mismos según el grado de ayuda necesario en cada uno: necesita ayuda muy notable, necesita ayuda notable o necesita ayuda.

Adaptando paradigmas

El agrupamiento de todas estas conductas en el gran grupo TEA nos obliga a dejar de pensar en el autismo como una enfermedad, y nos impulsa más a aceptarlo como una condición de vida en el ámbito de la diversidad. Igual que las personas con movilidad reducida o aquellas con carencias auditivas y visuales, las personas con autismo deben ser integradas a la escolaridad y a la vida laboral, siempre que su capacidad intelectual esté conservada.

Debemos dejar de tipificarlos y de establecer generalizaciones sin sentido, como que todas las personas brillantes han sido autistas o que su personalidad debe encajar con modelos difundidos en la televisión. El éxito en el nivel de funcionalidad de estos individuos, dependerá del diagnóstico acertado en los primeros años de vida, y en la injerencia temprana en las habilidades de socialización, cognición y en el lenguaje.

Las reformas en el entorno educativo y social son fundamentales para la adaptación exitosa de las personas autistas, sin embargo nuestro rol más importante como profesionales es hacer la detección y diagnóstico oportuno.  

 

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