Si no lo curamos… ¿le devolvemos su dinero?

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Hace algunas semanas dábamos a conocer en este sitio una innovadora terapia genética de GlaxoSmithKline denominada Strimvelis, cuyo objetivo es trata la Inmunodeficiencia Combinada Severa. Lo interesante del asunto (además de tratar la citada enfermedad) era que la farmacéutica británica se ofrece a reembolsar el dinero del tratamiento a cualquier persona que sea sometido a éste y no muestre ninguna mejora, situación que me ha puesto a pensar profundamente si acaso es ése el futuro de la industria farmacéutica… o incluso de la medicina.

Todos en algún momento de nuestras vida nos hemos topado con productos que ofrecen satisfacción total o la devolución de tu dinero; sin embargo, jamás esperé encontrarme con una oferta semejante dentro del mundo de la medicina. Es decir, es obvio que GSK se anima a realizar tal oferta debido a la gran confianza que tiene en su producto, pero probablemente ninguno de nosotros nos atreveríamos a realizar una oferta similar independientemente de la confianza que tengamos en nuestro trabajo… al menos sé que yo no lo haría.

No necesito realizar una encuesta para saber que cada uno de ustedes se considera el mejor en su trabajo (al igual que yo me considero el mejor en el mío), pero tampoco necesito hacerlo para saber que ninguno de ustedes se arriesgaría a ofrecer un reembolso a sus pacientes en caso de no lograr curarlo satisfactoriamente por una simple razón, sería malbaratar nuestro trabajo y seguramente nos ganaría una mala reputación dentro de nuestro respectivo gremio.

Ciertamente parece poco probable que un médico comience a utilizar como slogan en su consultorio “si no lo curo le devuelvo su dinero”; sin embargo, antes de descartarlo valdría la pena que analicemos a profundidad a nuestro público. No hace falta ser un genio para percatarnos de que los mexicanos no estamos acostumbrados a invertir en nuestra salud y por lo general se da preferencia a aquel servicio que haga sufrir menos a nuestro bolsillo (prueba de ello es la proliferación de los consultorios de farmacia, donde el costo de la consulta difícilmente sobrepasa los 50 pesos).

Además, si consideramos que la medicina no es una ciencia exacta y muchos pacientes se la pasan deambulando de un médico a otro en busca de la solución a sus problemas, es probable que muchos pacientes decidirían arriesgarse ante una política similar, es decir, si el médico no lo cura, por lo menos no terminará quedándose con su dinero y tendrá la posibilidad de probar suerte con otro médico, quizás en el consultorio de al lado… ¿o no?

En verdad se antoja complicado que el campo de la salud se torne un mundo de promociones de este tipo; sin embargo, si una farmacéutica tan poderosa como GlaxoSmithKline está dispuesta a jugar se juego, qué nos hace suponer que el médico en la farmacia de la esquina no lo estará también, después de todo “en la guerra y en el amor todo se vale”.