3 tipos de resiliencia y cómo desarrollarlos en la residencia médica

Desde la resiliencia se busca comprender las condiciones que favorecen la salud mental de los futuros especialistas durante la residencia médica.

La residencia médica puede ser en ocasiones, muy difícil. Nadie está exento de atravesar momentos difíciles, estresantes e, incluso, traumáticos. Si bien el sufrimiento siempre aparece en algún momento de la carrera, de todas las personas, la manera en la que se lidia con él varía en cada una de ellas. Es decir, ante experiencias similares, hay médicos que responden al estrés durante la residencia médica con resiliencia.

¿Qué es la resilencia?

En psicología, la resiliencia hace referencia a la capacidad que las personas tienen de recuperarse y mantener una conducta adaptativa después de haber vivido un suceso estresante. En otras palabras, es la habilidad para mantener las funciones físicas y psicológicas adecuadas en situaciones críticas.

En términos generales, los residentes médicos resilientes son capaces de hacer de las situaciones adversas oportunidades de aprendizaje. Suelen tener recursos para lidiar con la realidad que tienen frente a ellas, toman acción para salir adelante, se muestran realistas, se conocen a sí mismas y poseen buenas habilidades de gestión emocional. Todo ello favorece una mejor salud física y mental, así como unos mayores niveles de satisfacción con la propia vida.

¿Qué clases de resiliencia existen?

Aunque se suele hablar de resiliencia en general, lo cierto es que podemos diferenciar varios tipos.

1. Resiliencia natural

Este tipo de resiliencia hace referencia a una fuerza vital innata. Las personas resilientes naturalmente tienen una tendencia espontánea a explorar, aprender, jugar… Son personas que aprenden de los errores que cometen y aceptan el fracaso y la pérdida como parte de la vida.

2. Resiliencia adaptativa

Esta resiliencia es aquella que se pone en marcha cuando las circunstancias requieren adaptación o cambio. Los momentos duros de la vida son los que nos obligan a construir este tipo de resiliencia, que permite a la persona crecer ante la adversidad y obtener un aprendizaje de las experiencias dolorosas.

3. Resiliencia aprendida

La resiliencia aprendida es aquella que resulta de un aprendizaje intencional. Es la resiliencia entrenada, que se obtiene mediante técnicas y actividades. Por ejemplo, realizar ejercicios de respiración puede ser de ayuda para aumentar la resistencia al estrés. Todos poseemos en mayor o menor grado los tres tipos de resiliencia. Sin embargo, cuando la capacidad de resistencia es baja es posible que aparezcan problemas de salud física y mental. Por ello, puede ser necesario desarrollarla.

Residencia médica y resiliencia ¿Cómo desarrollar estos 3 tipos?

Entre las medidas más útiles para aumentar la tolerancia al estrés se encuentran: hacer ejercicio, marcar metas realistas, trabajar el autocuidado o iniciar experiencias nuevas y desafiantes. Además, es posible diferenciar entre tres tipos de resiliencia. Por un lado, aquella natural, que es la fuerza vital innata de cada persona.

Por otro lado, la adaptativa, que es la que se forja ante las experiencias adversas de la vida. Finalmente, la aprendida, que es la que se logra mediante el trabajo intencional.

Se han identificado factores de protección que ayudan a las personas a ser resilientes. Entre ellos destacan sentirse querido y cuidado, poseer buenas habilidades sociales, una adecuada autoestima. Así como poseer un ambiente familiar estable, ser empático, practicar alguna religión o ser perseverante.

El concepto de resiliencia se ha convertido en un importante objeto de estudio de la psicología. Desde esta ciencia no solo se busca comprender la psicopatología, sino también aquellas condiciones que favorecen la salud mental de los futuros especialistas médicos.

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