La semana no tuvo un buen inicio porque este lunes 16 de febrero de 2026 se activó la fase I de contingencia ambiental por ozono en el Valle de México. Más allá de restringir la circulación de ciertos vehículos es un tema que tiene una relación directa con la salud. Se trata de una alerta debido al riesgo que representa realizar actividades al aire libre en la capital del país y la zona conurbada.
Esta situación se genera por un fenómeno que los meteorólogos llaman “estancamiento atmosférico”. Lo que significa es que la ciudad está atrapada bajo una campana de aire que no deja salir la contaminación.
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¿Por qué se declaró la fase I de contingencia ambiental?
La alerta se declaró por los altos niveles de ozono que prevalecen en la capital del país. La combinación de un sistema de alta presión, radiación solar intensa y poco viento ha creado el “cóctel perfecto” para que los contaminantes se queden atrapados en el Valle de México.
¿Cuáles son los riesgos para la salud?
Riesgos inmediatos
Cuando los niveles de ozono (O3) y partículas finas (PM2.5) son altos, el cuerpo reacciona casi de inmediato.
- Irritación severa: Se provoca una sensación de ardor en los ojos (conjuntivitis química), garganta irritada y goteo nasal.
- Dificultad respiratoria: El ozono actúa como un “oxidante” que inflama las mucosas. Esto causa tos, sibilancias (silbidos al respirar) y dolor en el pecho al inhalar profundamente.
- Fatiga y dolor de cabeza: La mala calidad del aire reduce la eficiencia del intercambio de oxígeno, lo que provoca cefaleas y una sensación de cansancio inusual.
Riesgos crónicos
La exposición prolongada o repetida a estas contingencias puede derivar en problemas serios.
- Crisis de asma y EPOC: Las personas con alguna de estas condiciones pueden tener complicaciones durante los períodos de contingencia ambiental y detonar en ataques graves que requieran hospitalización.
- Enfermedades cardiovasculares: Las partículas más pequeñas (PM2.5) pueden pasar de los pulmones al torrente sanguíneo, aumentando el riesgo de infartos, hipertensión y accidentes cerebrovasculares.
- Infecciones respiratorias: El sistema inmune en las vías respiratorias se debilita, haciéndote más propenso a neumonías y bronquitis.
- Daño pulmonar permanente: En niños, respirar aire con contingencias frecuentes puede impedir que sus pulmones se desarrollen a su capacidad total.
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¿Quiénes son los grupos de mayor riesgo?
Las partículas finas (PM2.5) afectan a todas las personas pero existen algunos grupos que son más vulnerables.
- Niños y adolescentes: Sus pulmones aún están creciendo y respiran más aire por kilogramo de peso que un adulto.
- Adultos mayores: Su capacidad pulmonar suele ser menor y pueden tener condiciones cardiacas preexistentes.
- Mujeres embarazadas: La contaminación se ha asociado con bajo peso al nacer y problemas de desarrollo fetal.
- Personas con enfermedades previas: Diabéticos, hipertensos o personas con problemas respiratorios crónicos.
Principales recomendaciones
- No hacer ejercicio al aire libre: Correr o andar en bici durante la contingencia ambiental obliga a inhalar mucho más aire contaminado y lo lleva más profundo a tus pulmones.
- Evitar permanecer mucho tiempo en el exterior: En la medida de lo posible se debe evitar permanecer en ambientes externos.
- Usar cubrebocas N95: En caso de tener que permanecer en ambientes externos lo ideal es utilizar un cubrebocas y de preferencia que sea N95 porque filtra las partículas finas (PM2.5) y ofrece una protección real.
- Evita el uso de solventes y pinturas: Esto ayuda a no generar más precursores de ozono en tu hogar.
