El 25 de junio de 2020 en la revista New England Journal of Medicine (NEJM) se publicó un artículo sobre los efectos, en la seguridad de los pacientes, de dos diferentes horarios de trabajo para médicos residentes (pediatras en la UCI neonatal); uno de 24 horas o más y otro de 16 horas o menos. Los resultados del estudio fueron contrarios a la hipótesis de los autores, es decir, el grupo que trabajó 16 horas o menos cometió más errores graves.

Ese estudio generó mucha polémica y es peligroso sacar conclusiones apresuradas del mismo. Resulta importante notar que, en un segundo análisis, en el que se ajustaba el número de errores al número de pacientes atendido por cada residente, desaparecía la diferencia en errores reportada inicialmente. Por lo que parece ser que los errores están de alguna manera relacionados al número de pacientes atendidos por residente más que al número de horas del turno.

Desde mi punto de vista el artículo está mal enfocado. ¿Por qué nos interesa saber a las cuantas horas comienza a presentar errores el residente? ¿Por qué pensamos en el residente como una máquina que debemos apagar cuando comienza a presentar problemas, pero no nos interesa su bienestar? Creo que el parámetro para determinar la jornada laboral de un médico residente es cuando el exceso de trabajo comienza a repercutir en su salud y bienestar, no cuando comienza a cometer errores.

En el artículo, los autores mencionan que en un estudio previo (realizado por ellos mismos) se encontró un beneficio al eliminar los turnos extendidos. Los mismos resultados tuvo otra revisión sistémica. Pero, dos estudios recientes (FIRST y iCOMPARE) no mostraron beneficios (en calidad de la atención) en reducir la jornada. Por lo tanto, en cuanto a la relación entre jornada laboral y la seguridad del paciente existen resultados contradictorios.

Aún estamos lejos de saber cual es el horario ideal de un médico residente, pero la repuesta dependerá del enfoque que tomemos:

  1. Desde el punto de vista del paciente: Los estudios como el publicado en el NEJM pretenden investigar cual es la jornada ideal de un residente para evitar la aparición de errores médicos. La calidad de la atención es importante, pero utilizar estos parámetros para determinar cuanto debe de trabajar un residente me parece que dejan de lado al médico como ser humano. Los residentes no son máquinas que se pueden “apagar” cuando comienzan a fallar. Es importante detener la jornada laboral cuando esta comienza a tener repercusiones en la salud y bienestar del médico y no sólo cuando comienzan a presentar “fallas”.
  2. Desde el punto de vista del residente: Es posible que un médico residente pueda aguantar 24 o más horas trabajando sin que aumente de manera significativa el número de errores que comete, pero ¿Qué consecuencias tienen esas jornadas de 24 horas o más en la salud física y mental del médico? Me parece que esa pregunta es aún más importante. Si leemos a Karl Marx, en el numeral tres (ramos industriales ingleses sin limitaciones legales a la explotación) del Capítulo VII (La jornada laboral) de la Sección tercera del Libro Primero del Capital, encontramos que Marx condenaba a los industriales ingleses que explotaban a los menores de 18 años (e incluso a los menores de 12 años) con la justificación de que si no empleaban niños la productividad de sus empresas iba a caer y los productos se iban a hacer más caros. Tanto en la Inglaterra del siglo XIX como en el estudio del NEJM vemos que lo importante es el resultado del sistema y no las personas que laboran dentro de él. Lo importante no es el bienestar de los residentes, sino que no cometan errores durante su jornada. ¿Cuánto deben de trabajar según ellos? El tiempo máximo posible sin que aumente el número de errores, sin importar su bienestar o salud.
  3. Desde el punto de vista del sistema: Resulta evidente que quitar las guardias de 24 o más horas a los médicos residentes harían necesario que se contratara más personal. Como lo dice el artículo del NEJM, la ACGME prohibió en 2011 en EE. UU. los turnos de más de 16 horas consecutivas, pero los volvió a aumentar a 24 a 28 horas, en parte, porque los hospitales no tenían el personal suficiente para cubrir las guardias. Por lo que disminuir los horarios de los médicos residentes requiere de una gran organización, aumento de recursos y voluntad política. Ya que se deben de hacer planes a largo plazo para disminuir los horarios de manera paulatina e invertir más en la contratación de médicos adicionales. Como lo vimos en el artículo del NEJM, parece ser que el factor que más influye en los errores médicos no es el número de horas, sino en la cantidad de pacientes que tiene que atender un mismo médico.

Aún estamos lejos de saber cual es el horario ideal de un residente, seguramente la respuesta será diferente para un residente quirúrgico y uno clínico y también tendrá algo que ver con las diferentes especialidades. Algo que debemos de tener en cuenta es que existen diferentes puntos de vista: el del paciente, el médico residente y del sistema de salud. Los artículos como el del NEJM parecen ver al médico como una máquina cuya función es evitar errores, pero no le otorgan un valor intrínseco. Es muy importante hablar de la calidad de la atención médica, pero también hablemos de la calidad de la de las condiciones laborales que le brinda el sistema a los médicos.

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Mauricio Sarmiento tiene un despacho jurídico en el que se ofrece asesoría a médicos o personal de salud en temas de derecho médico y responsabilidad civil. Escritor de En la Residencia Médica.