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En unos de sus artículos la Revista Semana titula “Colombia: un país con profundas necesidades emocionales”, se habla allí, de una sociedad que nació, convivió y jugó con la muerte, el odio, la depresión y las masacres. Se preparó para resolver casi todos los problemas a machete y plomo. Aun así, del efecto más grave de la guerra se habla poco: el endurecimiento del corazón de los colombianos.

Con serios problemas de convivencia, empatía, confianza, intolerancia y depresión. Según los estudios internacionales de competencias ciudadanas, nuestros jóvenes tan sólo confían en el 4% de las personas que conocen; es decir, casi en nadie.[1]

Lo anterior nos permite apuntar a una de las tantas causas que origina la depresión que vivimos; y no es más que  un trastorno psicológico descrito por una serie de emociones en la que se visualiza persistencia de soledad y vacío, junto a llanto incontrolable, tristeza o estado de ánimo irritable, sentimientos de inutilidad, pensamientos negativos, culpa, dificultad para conciliar el sueño, cansancio y falta de energía, dificultad para concentrarse, anhedonia o pérdida de placer en actividades habituales, alteraciones en el apetito, la alimentación y en el peso.

Uno de los mayores problemas de esta enfermedad es la falta de diagnóstico: a veces las personas que están deprimidas no saben que lo están y la actitud de las personas que las rodean tampoco ayuda. Tratar con personas deprimidas nos hace dudar sobre cómo actuar o qué decir, que, aunque las cosas se hagan con la mejor voluntad, no siempre es lo más recomendable.

El médico general colombiano debe estar informado que por cada 100.000 habitantes en Colombia existen 11 psicólogos, por tal razón te compartimos estas consideraciones para ayudar a un paciente deprimido que va a consulta general: Anima al enfermo a hablar, a contar lo que le pasa.

Anímale a que siga haciendo las cosas que hacía antes. Hay que asegurarse de que lleva una vida sana, que come bien y suficiente.

Hay que evitar que el enfermo caiga en el alcohol u otras prácticas poco saludables.

Saber escuchar, que la persona sienta que le escuchas de verdad, aunque en ocasiones te repita lo mismo más de una vez

Normalmente es mejor no darle consejos a menos que te lo pida, incluso cuando la solución te parezca perfectamente clara. Decidir tratamiento y terapia, realizar la medicación de forma que evite recaídas.

Como tratamiento para la soledad se debe incentivar a buscar una ocupación: cursos, conferencias, lectura de libros y revistas, realización de recados, tareas de la casa, planes; establecer una rutina que aporte compañía, autocuidado, remitir al paciente al psicólogo o incentivarlo a buscar espacios de socialización, realizar actividades de voluntario ayudando a otros, incentivarlo a inscribirse en clases de baile, decirle que es bueno llorar cuando lo necesite.

Además, no debemos olvidar que existen puntos positivos de la soledad que pueden ayudarnos a conocernos mejor y a saber qué queremos actualmente de la vida.

La Organización Mundial de la Salud en 2017 anunció que la depresión es la principal causa mundial de discapacidad.[2] [1] (Julián De Zubiría, 2020)  

 

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