Herpes podría provocar enfermedades mentales

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De acuerdo con el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), el virus de la herpes oral afecta hasta un 40 por ciento de las personas en el país, al tiempo que otro 16 por ciento padece de una infección de herpes genital. Para 2012, se temía que este último padecimiento pudiera afectar a hasta 4.5 millones de personas activas sexualmente.

Más allá de sus síntomas regulares, un grupo de científicos internacionales ha descubierto que el virus del herpes también podría ser responsable de provocar enfermedades mentales. Entre las afectaciones que potencialmente desencadena este microorganismo en las personas, están la depresión grave y el trastorno de bipolaridad.

El grupo de investigadores fue liderado por Bupesh Prusty, del Instituto de Virología e Inmunobiología de la Universidad de Würzburg. El estudio, publicado en la revista Frontiers in Microbiology, afirma que se encontró una alta concentración del virus del herpes HHV-6 en personas con enfermedades mentales, específicamente en las neuronas de Purkinje.

Los expertos afirman que los pacientes probablemente contrajeron herpes durante su infancia y el virus permaneció inactivo, sin ocasionar daños o síntomas, durante años. El siguiente paso de la investigación será determinar exactamente qué factores son los que causan la reactivación del virus y con cuáles mecanismos éste infecta a las neuronas de Purkinje.

Este descubrimiento parece indicar que las infecciones por sífilis y por herpes tienen mucho en común, ya que además de provocar Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS), también provocan trastornos mentales. Se sabe que la neurosífilis se presenta después de dos o tres años sin tratamiento, por lo que su incidencia es muy baja en países desarrollados y emergentes.

Sin embargo, así como sucede con la herpes, la sífilis también es un problema de salud pública importante. En 2016, investigadores del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) aseguraron que este virus había comenzado a reemerger entre la población de hombres adultos de entre 20 y 44 años. En solo una década, la incidencia del microorganismo se cuadruplicó.