Cuando se acaba de cumplir un año del primer caso de coronavirus conocido en algunos países, la vacunación masiva a nivel mundial parece que será la luz al final del túnel que todo el mundo quiere, aunque es cierto que no todos los países están llevando a cabo la forma de vacunar establecida o deseada.

Una de las principales preguntas que puede surgir en torno a la forma de vacunar es ¿cómo hacer una distribución más rápida y efectiva? Para responder a ello un médico residente de la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins de Estados Unidos ha querido dar su opinión sobre ello en Stat, una web especializada en información biomédica.

Michael Rose es quién ha propuesto el método más rápido para vacunar

En concreto, se trata de Michael Rose quién ha expresado que, de forma usual, se prioriza la vacunación del personal médico, personal sanitario en general, personal socionanitario y usuarios de residencias. Posteriormente, lo ideal sería, vacunar en segundo lugar a personas mayores de 75 años (aunque en algunos países se habla de mayores de 80 años).

El documento de este experto de la Universidad Johns Hopkins también indica que “aquellas personas con una infección aguada documentada por SARS-CoV-2 en los 90 días previos a la vacunación pueden optar por retrasar dicha vacunación para facilitar la inmunización a otras personas que siguen siendo susceptibles”. Por tanto, se deja como prioridad secundaria a aquellas personas que se sabe que ya han superado la enfermedad, pero no se descarta su vacunación y, de hecho, se aconseja que igualmente se vacunen.

Rose ha identificado que existen muy pocos casos de reinfección, y que el suministro actual de vacunas es limitado, recordando además que se requieren dos dosis de vacuna para una inmunización total. Por ello, sugiere conocer la existencia de una infección previa debería ser esencial en la priorización de vacunas. Se estima que solo en Estados Unidos, hasta 75 millones de personas se han infectado por SARS-CoV-2, pero solo 24 millones han sido realmente diagnosticados.

Además de usar vacunas se deben usar tests de anticuerpos

Para poder afinar más en esta priorización de vacunas, Rose apuesta por basarse en dos grandes descubrimientos sobre el nuevo coronavirus. Por un lado, se sabe que tras una infección leve o incluso asintomática, la inmunidad puede durar hasta seis meses y hay muy baja probabilidad de reinfección. Por otro lado, los ensayos clínicos sobre las vacunas indican una eficacia muy cerca al 100%, rondando el 94-96% en los casos de Moderna y Pfizer.

Por tanto, la polémica solución que propone este médico estadounidense pasaría por usar, además de vacunas, pruebas de anticuerpos para saber quién ha pasado realmente la enfermedad aunque no haya sido diagnosticado previamente, con el objetivo de afinar más la priorización de las vacunas: si ya se ha pasado la enfermedad y se poseen anticuerpo, de forma asintomática y sin un diagnóstico previo conocido, ya no sería prioritario recibir la vacuna de forma tan rápida.

Es por ello por lo que Rose sugiere no solo priorizar a este grupo sino usar test de anticuerpos previamente a la vacunación. Aunque la presencia de anticuerpos no es una medida perfecta de detección de inmunidad, sí se sabe que las reinfecciones son raras y los tests de anticuerpos tienen una baja tasa de falsos positivos.