Recomendaciones para mejorar el diagnóstico en los pacientes

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Mejorar el diagnóstico en el cuidado de la salud es uno de los factores más importantes como médico especialista.

Así como un mal diagnóstico puede perjudicar la vida de una persona, un buen diagnóstico es esencial debido a que desencadena la mayor parte de las decisiones médicas que se tomarán durante el tratamiento de un paciente.

Según la investigación To Err is Human: Building a Safer Health System (“Equivocarse es humano: Construyendo un sistema sanitario seguro”, 2000). Los expertos estiman que hasta 98.000 personas mueren en un año determinado por errores médicos que ocurren en los hospitales.

Eso es más que morir por accidentes automovilísticos, cáncer de mama o SIDA, tres causas que reciben mucha más atención pública. De hecho, más personas mueren anualmente por errores de medicación que por lesiones en el lugar de trabajo.

A esto, hay que agregar el costo financiero y como si vamos sumando, un mal diagnóstico se eleva como un problema público y privado.

Por lo tanto, los errores médicos y la disparidad entre la incidencia del error y la percepción es un detalle al que debemos prestar mucha atención. Aunque también no podemos dejar de lado que es una cuestión en dónde otros aspectos circundantes como; la legislación, la regulación y la actividad del mercado influyen en la calidad de la atención brindada por las organizaciones de atención médica.

¿Pero cómo se podría mejorar dicha situación?

A continuación, se identifican los siguientes objetivos para realizar un diagnóstico claro según la revista CONAMED:

Conservar una estrecha relación con el paciente y mantener una actitud propositiva.

1.Ponerse en lugar del paciente y no juzgar prematuramente sus reacciones.
• No actuar con discriminación (social, de etnia, de género y/o cultural).
• Ser tolerante y mostrar interés en su padecimiento.
• Mostrar una actitud optimista.
• Mantener la confianza del paciente y sus familiares.

2. Comunicar permanentemente al paciente y sus familiares.
• Dialogar con el paciente sobre su enfermedad y hacerlo
partícipe del manejo integral.
• Hablar siempre con un lenguaje entendible.
• Informar sobre los avances, no sólo lo negativo.
• El diagnóstico debe ser discutido primero con el paciente, cuando el caso lo permita.
• Evitar falsas expectativas sobre el pronóstico de su enfermedad.
• Explicar el beneficio de un tratamiento convencional.
• Informar sobre efectos secundarios al tratamiento y sobre el pronóstico.
• Informar sobre los riesgos potenciales de cáncer en los
familiares del paciente.
• No dar noticias fatalistas.

3. Establecer un diagnóstico y tratamiento oportuno.
• No demorar injustificadamente la atención.
• Utilizar protocolos diagnósticos y terapéuticos probados,
tomando en cuenta las condiciones clínicas de cada paciente.
• Fomentar la atención especializada y multidisciplinaria.

4. Integrar un expediente clínico completo en el paciente con cáncer.
• El expediente clínico es un documento legal.
• Documentar en el expediente clínico todas las acciones
médicas realizadas por el personal de salud.
• Todas las acciones médicas deben estar firmadas por el
médico responsable.

5. Elegir el momento y sitio adecuado para dar a conocer un diagnóstico de cáncer.
• Elegir el sitio adecuado con privacidad, para discutir el
diagnóstico, con el paciente y/o sus familiares.
• No mentirle al paciente y ser muy claro.
• No se debe dar un diagnóstico como posible o sospecha de cáncer, hasta tener la confirmación histopatológica
de malignidad.
• Evitar consultas por teléfono, radio, carta e internet

6. Asegurar el entendimiento y aceptación de los procedimientos diagnósticos y terapéuticos propuestos
a través de un consentimiento informado específico.
• Solicitar el consentimiento del paciente para recibir el tratamiento acordado.
• Obtener la firma del consentimiento informado para procedimientos diagnósticos con riesgo.
• Asegurar que el consentimiento informado contenga la
información que explique el procedimiento al que se va
a someter al paciente.

7. Ejercer una práctica clínica con bases éticas y científicas.
• Sólo actuar cuando se tiene la capacidad reconocida y
se cuenta con la especialidad y la certificación correspondiente.
• Evitar prácticas inspiradas en la charlatanería.
• No simular tratamientos
• En caso de que el paciente solicite una segunda opinión, sugerir que sea tratado por un médico certificado.
• Mantener una actualización médica permanente.

8. Asegurar al paciente una atención integral, continua, resolutiva y rehabilitatoria.
• Conocer la capacidad instalada de la unidad de salud
donde se pretende dar la atención médica.
• Informar al paciente y su familia sobre la capacidad instalada de la unidad de salud.
• Referir a otro centro de especialidad cuando no se le
garantice seguridad al paciente en las instalaciones.
• Preferir cuando sea posible centros oncológicos calificados y/o certificados.

9. Atención especial al paciente en fase terminal.
• Atención especial del manejo del paciente en fase terminal.
• Procurar la mejor calidad de vida posible.
• Control del dolor.
• Tratamiento psicológico especializado.
• Apoyar la atención domiciliaria en la medida de lo posible.

En definitiva, para evitar los errores diagnósticos los autores recomiendan hacer más seguro todo el proceso, y para conseguirlo señalan que es fundamental escuchar a los pacientes y familiares, contando siempre con su participación.

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