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En el estudio de la salud mental se ha llegado a comprender que la infancia es el momento evolutivo más fundamental de todo el ciclo vital; pues es donde ocurren los procesos madurativo-constitucionales (Greenspan, 1992) más importantes en cada individuo. De donde se desprende que;  la infancia ocupa un lugar privilegiado y fundamental en el desarrollo de las sociedades, a nivel económico, político y social.

La salud mental en la infancia se constituye en una problemática de interés nacional, debido al incremento de trastornos mentales que convoca a pensar en las condiciones en las que se desarrollan los niños

Actualmente, la infancia se ve más comprometida en sus posibilidades a causa de las condiciones culturales, políticas y económicas, que la amenazan de manera alarmante, las atroces dificultades que ocurren en la infancia, y que van desde, la falta de servicios básicos hasta el abuso y el maltrato, sólo por mencionar algunas.  

Los trastornos mentales en la infancia pueden ser vistos como un síntoma de la sociedad moderna y la pérdida de instituciones representativas; como la familia y la religión que ya no operan con la eficacia y la certeza de antes. (Amar, 2014)

La afectividad es un concepto que posee tono y valencia, por lo que puede ser negativo o positivo. El ser humano mantiene una tendencia innata por el placer, es decir, al efecto positivo. Y si, tenemos en cuenta que el placer consiste en la ausencia de sufrimiento; se encuentra la correlación que existe entre afectividad positiva y estado de salud.

Si se piensa en que las emociones positivas son algo más que la simple ausencia de emociones negativas; y que la salud es algo más que la ausencia de enfermedad. Se puede plantear y entender la utilidad de las emociones positivas en la prevención o la reducción de la intensidad de algunas enfermedades.

Siendo que, “el niño es el nivel más frágil”; tiene que ser deliberada su protección y es urgente promover la reparación basados en comprender; desarrollar y perfeccionar las estrategias y programas de la recuperación psicoafectiva como un modelo integrador de los procesos madurativo-constitucionales de la infancia.

La salud mental se ha pensado siempre en función a la enfermedad mental o de los trastornos emocionales, sin embargo; la salud mental es un problema del desarrollo del ser humano, y este inicia en la infancia; por lo que la salud mental tiene sus bases en el desarrollo infantil.

La salud mental es comprendida como un logro de la adultez y no como el resultado de alcances paulatinos del ciclo vital, lo que quiere decir; que la salud mental y la salud física se entienden de acuerdo a los síntomas y no por sus causas. Las condiciones psicosociales y emocionales tienen un valor importante en la formación integral del ser; si se reconoce que “el afecto es una necesidad vital” (Syrulnik, 2013).

En todo el mundo los países hacen esfuerzos por atender las necesidades de la infancia, sin embargo; otros factores como la economía, son prioridades mayores que las necesidades emocionales vitales de los individuos. El desarrollo emocional y la crianza de los niños debe ser comprendida; como un efecto del desarrollo psicoafectivo y no se puede desconocer que forma parte real de los individuos.

La recuperación psicoafectiva y la comprensión de su importancia en relación con la salud mental en la infancia; conduciría a una renovación de la visión emocional y de la afectividad.    

 

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