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La esquizofrenia proveniente de la composición de dos palabras griegas: “mente escindida”, el sujeto está en un mundo diferente al nuestro, no tiene un apego fuerte a la realidad (a menos que se le trate para que remita la sintomatología) y vive acorde a lo que experimenta.  Son conductas no muy normales y que perjudican de forma seria y notable la relación de las personas en su vida cotidiana. Para finales del siglo XIX aparece en Alemania lo que se conoce como psiquiatría moderna, Morel fue el primero en acuñar el término de “demencia precoz” para referirse a un trastorno cuyos síntomas tienen que ver con un deterioro de la vida social en la adolescencia y cursan con alteraciones de la realidad.

Al transcurrir del tiempo se han reformulado conceptos y las características de los trastornos han evolucionado;  citaremos dos definiciones del Diagnostic and statistical manual of mental disorders (DSM), que es el manual de diagnóstico de la American Psychiatric Association; aparece que las “reacciones esquizofrénicas se clasifican del siguiente modo: Simple, Tipo hebefrénico, Catatónico, Paranoide, Agudo indiferenciado, Crónico indiferenciado, Tipo esquizoafectivo, Tipo infantil, Tipo residual”. Y la DSM-IV (Diagnóstico que fue sustituido por el DSM V en 2012) define: “Trastorno psicótico que presenta al menos dos de estas características: ideas delirantes, alucinaciones, lenguaje desorganizado, comportamientos catatónicos, y síntomas negativos (aplanamiento afectivo, abulia, alogia). Del mismo modo, no se considera esquizofrenia si hay esta sintomatología causada por ingesta de sustancias psicoactivas o enfermedad médica asociada”.

DSM IV en el eje de trastornos de personalidad, define varios tipos más o menos relacionadas con la esquizofrenia así: el paranoide como “eterno desconfiado” ya que piensa que todo el mundo quiere hacerle daño; el esquizotípico es el clásico “inadaptado social” que quiere estar en el mundo y el esquizoide es el inadaptado que no está interesado en integrarse.

Existe otra clasificación procedente de la neuropsicología que sintetiza de forma general los tipos de esquizofrenia que conocemos: Esquizofrenia Tipo I: a nivel de sintomatología, los delirios y las alucinaciones esencialmente.  La esquizofrenia Tipo II: son síntomas más “tranquilos”, ocurren por un descenso de la actividad dopaminérgica en regiones prefrontales.

Si se aborda a tiempo la enfermedad, el riesgo de que pueda degenerar más gravemente el sujeto se reduce bastante: se puede actuar en el delirio para evitar que, debido a éste, el paciente ponga en peligro su vida y la de los demás. Otro aspecto a tener en cuenta es el tipo de esquizofrenia siguiendo la clasificación neuropsicológica (Tipo I y Tipo II), la Tipo I, la sintomatología es más clara y puede atacarse bien con antipsicóticos. La Tipo II es más complicada, porque la sintomatología no es tan clara y puede confundirse con otras patologías. Considerar además el entorno en el que vive el paciente y citar la personalidad del sujeto; la manera de afrontar su enfermedad es clave.

Cada tipo de esquizofrenia posee sus propias particularidades, aunque en muchos casos pueden confundirse síntomas de una con otra, por eso es necesario hacer una evaluación correcta y completa de la persona, para poder delimitar el tipo concreto y, en consecuencia, hacer que la sintomatología no sea tan virulenta y el paciente pueda vivir de un modo digno y óptimo.

[1] En Colombia la prevalencia de la esquizofrenia representa el 1% de la población, en el marco desarrollado en el congreso ‘Esquizofrenia: modelos de comprensión e intervención, perspectivas y retos con la nueva Ley de Salud Mental’.

[1] (Padín, 2012)  

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