Historias de pandemia

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De médico a paciente, una perspectiva personal pandémica desde el temor y la virtud médica.

A lo largo de la pandemia, hemos sido testigos de múltiples relatos; familias que han perdido a sus seres más queridos durante el tratamiento o, quizá, pacientes que sufrieron graves efectos secundarios pero que hoy, están vivos.

Sin embargo, dentro de toda esta red de experiencias pandémicas, el punto de vista del personal de salud que día con día se enfrenta contra el COVID-19, se vuelve una perspectiva fundamental para entender los tiempos que estamos viviendo.

En esta ocasión, en entrevista con el Dr. Jorge Alberto Bello Guerrero, médico cirujano, egresado de la Facultad de Medicina de la UNAM, y Especialista en Cirugía General y Endoscopia del Aparato Digestivo. Pudimos ver cómo fue vivir la pandemia, no sólo desde un punto de vista médico o profesional, sino desde un lugar más personal y conflictivo; como paciente.

El Dr. Jorge Alberto Bello Guerrero, experimentó en carne propia ser portador del virus de la COVID-19. Sin embargo, para él lo más difícil de la enfermedad fue enfrentar la culpa como persona que se dedica a “sanar” a otros. Esa culpa que tienen las personas dedicadas a “curar” y que por lo tanto, no les permite enfermarse.

Al inicio, algunos de los síntomas que experimentó en realidad, fueron leves. Pues como desde hace dos años se le había detectado asma los síntomas de un posible positivo a COVID-19 fueron confusos.

Sin embargo, cuando la duda inundó, se aplicó la prueba y proyectando lo que más temía, su resultado fue positivo. Pero no sólo para él, sino también para su hija de tan sólo 11 meses de nacida.

El primer sentimiento fue de negación; “No puedo tener covid”, “Soy médico, tuve todas las precauciones y tengo un compromiso, laboral, social y familiar. Debo cumplir con ciertas responsabilidades externas”.

Pero el virus no perdona a nadie y poco a poco empezó a experimentar gripe, debilidad, cansancio, una fatiga insoportable, dolor muscular y de articulaciones. Su cuarentena y tratamiento fueron supervisados por un médico interno. No obstante, se dio cuenta, de cómo al menos al inicio de la pandemia, los tratamientos eran completamente diferentes y radicales entre los hospitales públicos y privados.

El por ejemplo, trabaja en ambos, y gracias a eso pudo ser testigo de las diferencias entre un espacio y otro.

A este respecto mencionó que; “ahora, ya hay criterios y medicamentos que sí han demostrado resultados, todo está más regulado y al menos la mayoría de ellos ya han sido probado en cuanto a eficacia. Es decir, actualmente existe una homogeneización de tratamientos y otros más, que fueron desmentidos en el proceso”.

En cuanto al tratamiento médico que el Dr, Jorge tomó, en su mayoría fueron fármacos como; tamiflu, aspirina, inhaladores, azitromicina y anticoagulante inyectado. Pues lo diagnosticaron como  paciente ambulatorio no grave.

¿Cómo fue estar del otro lado de la moneda?

Como lo mencionamos anteriormente, el Dr, Bello tuvo que pasar de dar consultas  a volverse paciente. Lo cual, en sus propias palabras resultó doloroso, cansado y hasta cierto punto contradictorio con su rol médico. Sin embargo, por un lado, como paciente los síntomas lo hicieron sentirse “incapacitado” durante un periodo de 15 días, en los cuales  tanto él como su familia se aislaron del mundo.

A su regreso y ante la necesidad de contar con personal de salud, tuvo que volver a su rol. En donde vivió en carne propia la curva inicial, en donde si bien al inicio había gente mayor, con sobrepeso, enfermedades graves. Poco a poco fue siendo igual para todos, a diferencia de lo que los reportes iniciales informaban.

“Vi pulmones llenos se covid, y me decía: pude haber sido yo. De hecho, veía gente de mi edad con cuadro extremadamente severo. Estaba en estado de alerta constantemente, pero también llegue a sentir cierta “fortuna”, porque yo estaba ahí, vivo y listo para ayudar, Además, la enfermedad saco lo mejor de mí, me volví para bien o para mal, más osado”.

El doctor, era una de las pocas personas, que dentro de su grupo de colegas, atendía personas contagiadas por COVID-19 que necesitaban alguna operación o intervención que no necesariamente tenía que ver con su cuadro viral.

“Vi una ventana de oportunidad, aproveche los anticuerpos que tenía para atender a personas enfermas con covid”.

Pero toda esa carga no fue invisible, pues toda su experiencia se vio reflejada en su estado anímico. Muy dentro, existía una fatiga emocional, una ansiedad latente que las pérdidas diarias nutrían. Por lo tanto, el doctor decidió aminorar su carga con la ayuda de la salud psicológica.

“La personas nos creemos inmunes, así que consulte a un psiquiatra para modificar mi ansiedad y poder enfrentar el día a día. Decidió no sólo tomar acciones pertinentes respecto a mi salud, sino también a atender mi salud mental”.

La empatía y la lucha contra el COVID-19

Si bien la salud física y emocional son pilares importantes. Su experiencia le permitió ser más empático con los pacientes. El por ejemplo, tomó todas las precauciones y aún así se contagió, por lo tanto el menciona;

“Soy empático desde mi práctica, no juzgo ni culpo, porque me paso a mi, teniendo todas las medidas de seguridad necesarias. Se que muchos no se contagian a propósito. Pues el contagio va más allá e incorpora aspectos políticos como; el gobierno y la idiosincrasia mexicana. Si bien muchos de mis colegas se se sentían atacados, yo solo ayudaba desde mis manos”,

A partir de que se contagió cambió su perspectiva de la vida..

Toda esa experiencia, lo llevó a un momento, en donde para él, hubo un antes y un después de su práctica médica. Una, que sin la pandemia no hubiera sucedido.

“En la ronda inicial me tocó ver a una paciente de edad avanzada con varias enfermedades existentes. La cual tenía de 40 o 50 respiraciones por minutos, es decir, oxigenaba muy bajo, y por lo tanto, teníamos que intubarla.

La mayoría de estos pacientes hay que entubarlos que no se asfixien. Pero pasó algo inusual en el proceso, me pidió que si podía ayudarla a redactar una carta. Pero no se trataba de una carta casual, era su última voluntad, su testamento y lo fui descubriendo en el camino. Repartió su fortuna, me dijo en donde estaba el anillo más valioso,, los documentos de la casa, cuales había que romper y cuáles preservar. Hasta para quien eran los zapatos nuevos que había comprado. Cuando acabamos, llame a trabajo social, para que le llevaran la carta a los familiares.

Y esa, esa fue una de las experiencias más fuertes. En donde repare que mi labor va más allá de curar. Es además de eso, aliviar, consolar y acompañar a los pacientes en su camino a la muerte.

Esto de dar consuelo a alguien antes de fallecer solo me pudo pasar en pandemia. Son cosas de lo más drásticas, en donde aprendes que no sólo es el diagnóstico, el rol va más allá y se trata de confortar y transmitir. Ambas cosas quedan fuera de la medicina institucional.

Actualmente el Dr se encuentra vacunado, su molestia al recibirla fue como si le hubieran dado con un bat en el hombro; “no podía ni con el peso de la cobija, perdí toda la fuerza del brazo y ese dolor duro como 48 horas”.

Recomendación a los que aún no se han enfermado de covid

“Mi recomendación es que sean empáticos con los demás. Quizá si no se enfermaron, probablemente ya no se enfermen. Pero aun así, tengan precaución, hay un porcentaje pequeño de que te contagies. Usa cubrebocas y sé muy precavido con los  adultos de 50 a 60 años.