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Aún estamos lejos de determinar el impacto de la pandemia por COVID-19 en todos los sectores de la sociedad. Apenas se empiezan a conocer las repercusiones de la pandemia en ámbitos distintos al demográfico o al socioeconómico y se comienzan a explorar otros aspectos importantes, como el impacto emocional de la misma en los profesionales sanitarios.

Algunos investigadores se percataron del deterioro de la salud mental de los trabajadores sanitarios durante el momento más álgido de la pandemia. Por ello, se han hecho estudios preliminares respecto a las consecuencias emocionales causadas por el nuevo coronavirus en médicos y enfermeras.

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Gracias a los datos recabados y publicados en la Librería Nacional de Medicina de USA, sabemos que los profesionales sanitarios tienden a presentar tasas más altas de ansiedad, depresión, insomnio, estrés e incluso ira, que la población general. 

¿Quiénes son los más afectados?

Esto se debe, principalmente, al sentimiento de vulnerabilidad en que los pone estar en primera fila en la lucha por contener en el virus. Además, un estudio médico publicado por Scielo.org, sugiere que estos síntomas son más frecuentes en el personal de enfermería, que tiene un trato más directo y permanente con los pacientes, que en los médicos y otros profesionales en el área.

La mayor exposición a un posible contagio, la preocupación de contagiar a sus seres queridos, las extenuantes jornadas laborales, el rechazo y agresión de algunos miembros de la sociedad civil que les impidieron regresar a sus hogares, las presiones asociadas a la toma de decisiones bioéticas y el miedo a la muerte, constituyeron algunos de los factores condicionantes de la sobrecarga emocional.

Por fortuna, la mortalidad se ha controlado y poco a poco nos hemos ido adaptando a una nueva normalidad en la que estamos aprendiendo a convivir con el Sars-CoV-2. Sin embargo, al personal sanitario le ha costado recuperarse mucho más que al resto de la población. 

Los datos

Un estudio reciente de la Universidad Complutense, reveló que el 53% de los trabajadores tomados para el estudio mostraba valores compatibles con estrés post-traumático y otro 40% se sentía emocionalmente agotado, al punto de presentar Síndrome de Burnout.

¿Cómo podemos sobrellevar la situación?

Sobrellevar una situación tan compleja es todo un reto para los profesionales sanitarios, por lo que es fundamental el desarrollo de técnicas de afrontamiento que les permitan soportar las situaciones de estrés, ansiedad y depresión de la mejor manera. En principio, hay que hacer mano de factores protectores básicos que les darán tranquilidad a ellos y a su entorno familiar y profesional.

Entre los factores protectores tenemos, el uso correcto de los equipos de bioseguridad y el establecimiento de una completa rutina de higienización de la ropa, calzado y todos aquellos objetos susceptibles a ser un foco de infección. Al tener el control sobre el nivel de exposición al virus de nuestra persona y de nuestros seres queridos, podemos disminuir la ansiedad.

Por su parte, entre las herramientas de afrontamiento más efectivas están:

  • Iniciar un plan de ejercicio físico, lo que ayuda a mejorar el estado de ánimo general.
  • Tomar pausas activas durante las guardias, que impliquen respirar, estirar y desconectarse por al menos 10 minutos, cada 2 horas.
  • Solicitar el apoyo de un profesional de salud mental.
  • Evitar el uso de alcohol, tabaco u otro tipo de drogas, que pueden aumentar los riesgos.
  • Fomentar estrategias de integración en el equipo de trabajo, y de ser posible celebrar los pequeños triunfos cotidianos, por ejemplo, cada paciente dado de alta.

 

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