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Para el común de las personas es fácil aceptar que el corazón le palpite con fuerza cuando siente próxima la presencia de la persona que ama o que le tiemble todo el cuerpo cuando se dispone a hablar en público. Las emociones producen síntomas físicos reales. Sin embargo, es difícil aceptar que los mismos pensamientos que te hacen sentir mariposas en el estómago, puedan llegar a provocar una enfermedad y dolencias tan graves como parálisis, ceguera o convulsiones.

Numerosos estudios muestran que la construcción de imágenes conscientes puede llevar a efectos tales como la formación de ampollas, cambios en la temperatura corporal, aumento de la glucosa. Está claro que la mente y el cuerpo constituyen un sistema interdependiente y unificado. El poder de las creencias y de la imagen que mantenemos asociadas a ella puede ayudarnos a mejorar nuestra salud, si son positivas, pero, cuando son negativas, se pueden crear una enfermedad.

El refuerzo creativo

En muchas oportunidades recurrimos a recuerdos negativos de situaciones ya vividas que nos dan una visión nociva de lo que puede suceder. En estos casos debemos hacer un refuerzo creativo que nos dé un enfoque positivo de la situación, lo que tendrá consecuencias saludables a nivel físico, mental, emocional y relacional.

Alimentar la confianza

Los medicamentos tienen un efecto placebo. En muchas oportunidades no tienen una repercusión fisiológica, pero curan porque el paciente está convencido de que así será. El médico puede transmitir a su paciente una imagen positiva a futuro, generando un efecto placebo. De esta manera se alimenta su confianza y su esperanza y cree en el resultado que obtendrá, atrayéndolo y generándolo. Lo que nos confirma que los pensamientos afectan directamente a la salud.

Es el caso del llamado síndrome de Koro, un trastorno mental en el que la persona tiene un “miedo o creencia irracional a padecer una retracción en los genitales”. Los orígenes del síndrome de Koro, están en China. Existen textos antiguos que datan del año 300 a.C. donde se menciona esa creencia, angustiosa por demás, de que los genitales pudieran retraerse. Hasta 1970 se consideraba que este síndrome pertenecía sólo a la cultura asiática, pero también sucede en la cultura occidental. El tratamiento para este síndrome es principalmente mediante psicoterapia, encaminada a calmar la ansiedad intensa y el miedo que produce en el paciente, además, se trata el posible conflicto sexual que puede relacionarse como causa o consecuencia del síndrome.[1]

Se tiene la tendencia a creer que las enfermedades psicológicas sólo pueden causar sentimientos de inferioridad, tristeza, llanto y otros síntomas que no tienen nada que ver con el cuerpo, sin embargo, nuestras emociones influyen de manera directa sobre nuestro cuerpo, al igual que nuestro cuerpo influye en nuestras emociones.

Los pensamientos negativos generan ansiedad, estrés y depresión, los cuales estimulan la producción de diferentes hormonas, provocando cambios en el organismo, que nos hacen más sensibles al dolor e influyen en distintas enfermedades. En algunos estudios se relaciona el estrés con el cáncer, por ejemplo. Demostrando que tanto puede influir en el origen como en el curso de la enfermedad. Se puede mejorar la calidad de vida de las personas que padecen enfermedades psicosomáticas, entendiendo de dónde provienen las molestias físicas y cambiando lo que las produce.

[1] https://www.medicinatv.com/enfermedades/sindrome-de-koro/  

 

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