Si bien, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) es conocida por ser una de las instituciones educativas más importantes del país, también destaca por otras actividades. Dentro de su trabajo, también se enfoca en la investigación médica. Tanto alumnos como egresados participan en diversos proyectos enfocados en la solución de enfermedades y padecimientos.

Al respecto, uno de los trabajos que actualmente encabeza la UNAM es lograr una detección temprana del cáncer para aumentar las probabilidades de éxito en los pacientes. A la fecha se debe recordar que es un padecimiento que provoca la muerte de 9.6 millones de personas en el mundo cada año.

La investigación es realizada por el Laboratorio Nacional en Salud de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Iztacala, dedicado al diagnóstico molecular y efecto ambiental en enfermedades crónico-degenerativas. A su vez, los expertos universitarios, en colaboración con diversos hospitales públicos del sector salud, utilizan muestras sanguíneas de pacientes con cáncer para analizar e identificar los marcadores genéticos tempranos.

Lograr una detección oportuna

Según la Unión Internacional contra el Cáncer (UICC), la organización mundial más grande y antigua contra esta patología, es posible evitar al menos un tercio de los cánceres. Si se hiciera se podrían salvar hasta 3.7 millones de vidas al año con estrategias de prevención, detección temprana y tratamientos adecuados.

Con esto en mente, Felipe Vaca Paniagua, investigador de la FES y participante del Laboratorio, desarrolla nuevas herramientas diagnósticas a nivel genético y molecular. Por su parte, afirma que los principales problemas actuales son la falta de pruebas específicas, poco invasivas y de alta certeza; de biomarcadores certeros y de marcadores genéticos que pudieran ser predictivos del desarrollo y de la respuesta a tratamientos.

Ubicamos qué pacientes tienen una alteración genética hereditaria y les hacemos una prueba de secuenciación genética, de un panel amplio de 143 genes, e interpretamos los resultados.

De esos 143 genes, 11 son muy importantes en el riesgo de desarrollar cáncer; de los demás aún se desconoce a fondo cuál es su papel, pero son estudiados porque eventualmente se definirá su implicación en la enfermedad.

Una vez hecho el análisis e identificada una alteración genética patogénica, es confirmada con diferentes tecnologías. El paciente tiene dos beneficios: evitar la recurrencia de la enfermedad y hacer una búsqueda dirigida de tumores adicionales.

Recientemente, Vaca y su grupo publicaron dos artículos científicos relevantes. El primero (2018) caracterizó más de 300 mujeres con cáncer de mama y hallaron que tienen 23 genes alterados. El segundo (2019) es un estudio realizado en cinco países de América Latina (Colombia, Argentina, Perú, Guatemala y México) para estudiar el componente genético a nivel regional.